Recuerdos en venta
Los reality shows han creado escuela y se transforman en iniciativas ingeniosas o al menos sorprendentes. El próximo 29 de junio finaliza la subasta que inició Ian Usher en el portal eBay el pasado mes de marzo. Este inglés afincado en Australia decidió poner a la venta su vida: recuerdos, amigos, posesiones… para poder librarse de un mal de amores (su mujer se enamoró de otro hombre, así que Ian decidió borrar su vida con Laura -así se llama la causante de sus pesares- haciendo terapia de choque: contar sus miserias a todo el mundo y sacar beneficio de ello.
Salvo las posesiones materiales: una casa, una moto, un coche, un negocio de ski acuático y un puesto de
trabajo de vendedor, el resto son recuerdos. ¿Cómo puede vender uno sus recuerdos a otra persona? Esto me recuerda a la película “Desafío total”, en la que Schwarzenegger descubre que sus recuerdos no son más que mentiras inoculadas en su cerebro.
Este portal de internet ya ha subastado en otras ocasiones bienes inmateriales como el alma de Adam Burtle (que no se llegó a realizar, aunque llegó a los 400 dólares), o el nombre y el número de teléfono de Nicael Holt (que incluyó en esta subasta sus amantes potenciales y sus 300 CD) que un comprador anónimo valoró en menos de 7.000 dólares.
¡En fin! le deseo suerte a este vendedor de imágenes, sonidos, aromas y personas que pertenecen a un pasado que ya no quiere como suyo. Lo malo de esto es que las experiencias que uno ha adquirido, aunque sean negativas, le han ayudado a conformar su forma de ser, de pensar y de enfrentarse a futuras desventuras (que tenerlas las tendrá).
Y cuando menos se lo espere volverán los fantasmas del pasado a atormentar su blanco y transparente presente, para advertirle que por mucho que intente huir de ellos, ahí estarán siempre, para recordarle quién es realmente.
Nuestros extraños
Cada día que pasa le reconozco menos. Sus ojos, antes libres de sombras, se van cubriendo de una neblina que no sé interpretar, y me da miedo. Todavía retengo en mi memoria el olor de su pelo, la calidez de sus manos en mi cuello, sus abrazos sin reservas.
Sus silencios son cada día más largos, sus pasos se alejan de mi sombra y sus palabras -aun cuajadas de ternura- me hacen entrever una persona diferente a la que me pertenecía hasta hace solo unos meses. Sé que siempre le tendré a mi lado, pero ya está buscando su propio rumbo, un camino en el que yo he quedado atrás.
A veces le observo sin que se de cuenta y me sorprendo de sus pequeños cambios; su rubor ante mi presencia cuando se encuentra desnudo, un cuerpo que antes me mostraba sin reservas, sin pudor. Sus lágrimas, ayer fáciles, ahora le cuestan, le molestan como inquilinos indeseables en un caparazón todavía sensible a los reproches y a los contratiempos.
Le veo escapar de mi segura guarida sin que pueda hacer nada por retenerlo, y me encoge el alma pensar que está perdiendo el paraíso de la inocencia. Ya sé que es egoísta e inútil mi temor, pero no puedo evitarlo. Quisiera, si pudiera, prenderle el amuleto de la felicidad en su corazón y bañarlo en sándalo de suerte para que el viaje que está empezando a planear en su cabeza llegue a buen puerto, abrigado de los truenos de la desesperanza y el olvido.
Creo que estoy empezando a sufrir el síndrome del nido vacío.
La ceguera de los inseguros
Desde la llegada de la democracia en España, Comunidades Autónomas con idioma propio reivindicaron un derecho legítimo: la posibilidad de que su lengua tuviera un reconocimiento en el nuevo Estado. Este derecho se ha pervertido por partidos políticos que lo único que han buscado es una moneda de cambio para presionar al poder central y obtener poder y dinero para sus estructuras. Ahora, después de este proceso que debía de haber enriquecido culturalmente a los habitantes de estas regiones, hemos conseguido formar a unas generaciones en un idioma que no está reconocido internacionalmente, relegando el conocimiento del castellano a un segundo o tercer idioma.¿Os imagináis que la tribu de los Navajos consiguiera una cierta autonomía en EE.UU. y promocionara su idioma como primera lengua y decidiera enseñar el castellano como segunda lengua, dejando relegado el inglés a tercer idioma? ¿Y sí decidiera que los carteles de sus comercios, papeles oficiales, señalización de carreteras tienen que editarse en su lengua? Evidentemente perderán la oportunidad de comunicarse con miles o millones de personas, dependiendo de la forma que utilizasen. Pues este caso tan extravagante está pasando en las llamadas Comunidades históricas.
Leo en “La Voz de Galicia” un interesante artículo sobre este tema. Cada uno tiene su opinión, pero yo puedo dar fe de lo que veo: que estudiantes de Erasmus de otros países no quieren ir a Cataluña porque a ellos lo que les interesa es aprender castellano (español para todos los que no son españoles, o para los buscadores de Google cuando eliges idioma). Creo que se puede favorecer, recuperar y desarrollar un idioma sin perder el sentido de la realidad. Y la realidad es que en el mundo el castellano es el tercer idioma más hablado, ¿no es mejor aprovecharlo que intentar hundir esta lengua que también es la de los habitantes de Cataluña, País Vasco o Galicia?.
Tal vez un poco de sensatez, de perspectiva global, de falsos mitos y de menor complejo provinciano por parte de los políticos nacionalistas traería consigo un enriquecimiento cultural general y un potencial mucho mayor para las personas que viven en esas comunidades, porque ahora, dependiendo de dónde nazcas, puedes licenciarte sin saber escribir en la lengua que nuestra Constitución reconoce como la de todos los españoles, y de momento, que yo sepa, Cataluña, Galicia y País Vasco forman parte de España.
Fotografía: neregauzak
Elige como tumba un envase de patatas
El inventor del envase de las patatas Pringles, que ha muerto recientemente, estaba tan orgulloso de su invento que ha decidido que sus cenizas pasaran la eternidad enterradas en uno de los envases de las patatas de los que ha sido creador. Me ha parecido un gesto tan tierno el de Fredric J. Baur (así se llama el protagonista de la historia), que no me he podido resistir a reflejar este acto de amor póstumo, ¿o es un hecho de megalomanía?.
En estos días del final de una primavera en la que el sol está prisionero de unas nubes espesas, grises -como la realidad que nos rodea-, en la que los radio-predicadores del fin del mundo se sientan en los banquillos por arte y gracia de alcaldes que aspiran a ser faraones, en la que los bailes de cuchillos suenan con fuerza desde Génova, en la que el dúo Zapatero-Solbes sigue conjurando la crisis con frases de final feliz que no se cree nadie; en la que un negro puede llegar a la Casa Blanca, en la que muchos millones de personas siguen muriendo de hambre sin que nadie se sienta culpable; en fin, en esta primavera en la que se siguen desinflando como globos las ilusiones, me ha enternecido que Fredric J. Baur quisiera que sus cenizas reposasen en un envase de patatas Pringles.
Fotografía: jeffsmallwood



