Para Mariama no hay sorteos, ni futuros sin crisis, porque ella no sabe que es una crisis; sabe lo que es el hambre, sabe lo que es la miseria, pero aun así sonrie, con unos ojos negros muy expresivos.
Mariama vive en un pequeño poblado al borde del río Gambia, no desea ningún ipad, solo un caramelo que guarda como un tesoro en su mano. Te mira desde una inocencia pervertida por la necesidad, siguiéndote como un perrillo alegre y juguetón gritando “amigo, amigo; yo amigo”, aunque su español se limite a cuatro o cinco palabras que no sabe muy bien que significan, pero que sabe agradecen los pocos turistas españoles que se acercan por allí.
La suerte de Mariama no la va a depender del Gordo de Navidad, ni de la labor que realicen los trece magníficos de Rajoy, pero como siempre existe el efecto mariposa, cuanto mejor nos vaya a los países ricos, menos mal les irá a los países que, como Gambia, ocupan los últimos puestos en los Indicadores Internacionales sobre Desarrollo Humano elaborados por Naciones Unidas.

Muchas gracias, Ramón.
Solidario y excelente pots. Espero y deseo tomemos conciencia de ello y extinguir estas situaciones, por el bien de todos.
Enhorabuena por tu buen trabajo Desira.
Un cordial saludo.
Ramón