De primas y primos

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Desde que allá por el año 2008 Lehman Brothers, cuarto banco de inversión de Estados Unidos, se declarara en quiebra un 15 de septiembre, una crisis económica barrió de la faz del mundo desarrollado bancos, empresas, fortunas y pequeños ahorros.

En España, mientras se desmoronaban los muros del capitalismo más sofisticado, seguíamos confiando en nuestra perpetua Feria de Abril. Pero, a la Feria siempre le sigue la Semana Santa, y, años después, el monstruo que había derribado gigantes en Europa y Estados Unidos, vino a devorar a este país mío que, con un problema tan grave de miopía nunca reconocido, solo lo vio venir cuando ya se lo estaba tragando.

Ahora hemos cambiado el traje de faralaes por el de penitentes, con tanta destreza y premura que nadie nos cree cuando nos damos golpes de pecho y nos flagelamos con tanto esmero y pasión como antes bebíamos rebujitos.  España no es diferente, como decía la publicidad, solo lenta, muy lenta, en un mundo en el que ya no hay quijotes, en el que los caballeros se tornan donjuanes egoístas y fatuos, solo preocupados por su parte del pastel, un pastel que previamente han confiscado a sus dueños, todos nosotros, con promesas de amor envueltas en beneficios.

Mucho se habla de primas y de sus bailes descontrolados en el universo financiero, del que aprendo (poco, para que engañarnos) a la fuerza, de tanto oir y ver a serios señores encorbatados -no hay señoras con una imagen tan lineal-, que me transmiten conceptos oscuros de riesgos, deudas, rescates, y demás vocabulario críptico con el que intentan convencerme de  que ellos sí son de fiar, aunque yo ya no me fío de primas, y menos si son de riesgo. Porque, por lo que van dejando entrever, poco a poco, para que sigamos actuando como corderos, es que hay muchos primos que, como yo, pagaremos los platos rotos de este festín en el que, como en “La grande bouffe”a algunos se les ha ido la mano con la gula -de beneficios- y el hedonismo más absoluto.

En resumen, lo que pasará es que los primos de siempre pagarán los excesos de una prima a la que ni conocíamos, ni hubiéramos querido conocer nunca. Y, mientras tanto, unos pocos se llenarán los bolsillos a costa del sufrimiento de muchos.

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