Figura y sombras

Se descompone la luz
en su rostro cansado
y baña el blanco
la mejilla de alabastro.

La sombra se asoma
-en escorzo-
por sus ojos redondos;
dos pozos colmados
de arena y desamparo.

Le envuelve el gris
de un impersonal decorado,
que contrarresta el ir
de apresurados brazos.

Su mano se pierde
entre miles de historias
que consumen su aliento,
como lámparas de aceite
en angostos templos.

Abren las puertas
y la figura altiva y oscura
se desdibuja;
se difumina
en la parada infinita
de una desdichada apuesta,
que transformó su historia
en una sombría condena.

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