La tertulia
Cerezas calientes bajo las plumas, Sillas, ojos, bocas-pez Yo recorría en aquella hora El maestro lanzaba al aire Cada trazo era un rasgo, El conferenciante gesticulaba Islas en las que tú y yo vagábamos,
como sangrantes manchas
de un sol tardío sobre tu rostro,
amenizaban la tertulia.
en derredor de un frío
y centrado
bloque de mármol.
tu nombre con una pluma de ave,
seduciendo cada letra en negrita,
en relieve, en sinuosas cursivas.
inmortales teorías,
canarios ciegos y amarillos,
mientras el papel cómplice,
me mostraba las sílabas
que conforman tus ojos.
cada muesca un gesto,
un estudio minucioso
de un fin de semana
robado al tiempo.
sin que mis manos
dejasen de desnudar tu nombre.
Mis dedos, guiados por Eros,
Cupido, San Juan de la Cruz
y Paul Newman
emborronaban hojas en blanco.
entre tinta negra y el arrullo
de un orador desconocido.



