Magia

La magia dura siempre
unos segundos,
y la oscuridad que sigue
me da miedo.

Cuando aun el milagro
me mantiene en el aire,
palabras que son dagas
me arrojan al vacío,
mientras me pregunto
si soy yo el enfermo.

Y veo sus rostros
vírgenes, sinceros;
y sus almas sin estrenar
me piden que crea,
que engalane mi cuerpo
y mi espíritu con guirnaldas
verdes, amarillas, doradas;
que ponga vendas al hastío,
al agotamiento de burlar
las barreras, los silencios;
que venza el ahogo que siento
cuando tus ojos se pierden
al lugar dónde yo nunca llego.

Y la magia vuelve espontánea
en un leve y frugal encuentro
de unos ojos ausentes
unos segundos antes.

Y el encanto entra
con una mano ansiosa
que antes sentí madera,
que primero fue roca.

Y mi piel se prepara alegre
para recibir el milagro
de ese lado de la cama
donde siempre está tu mano,
donde tus besos me colman,
donde la magia, siempre,
se ha encontrado.

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