Otra vez muerte
Otra vez pasaste
rozándome el cabello,
posando tus frías manos
sobre mis hombros caídos,
tristes.
Otra vez tu aliento
envolvió por un momento
el aire de mi casa,
tiñéndolo de negro,
de dolor sin límites.
Tus ojos sin vida
se clavaron en mi pecho
y llevaba tu mirada
la enfermedad,
la miseria de la carne
a la que me dio la vida.
Otra vez tu sonrisa helada,
mueca esperpéntica,
se burla del miedo eterno
que abraza mis músculos.
Otra vez tu camino,
sembrado de silencios,
se cruzó con mi sendero,
plantando por doquier
afiladas espadas.
Y tu cadavérica figura
bailaba a mi alrededor
danzas enloquecedoras,
como sombra infinita
de llagas sangrantes.
Y tu sombra se regó
con lágrimas vertidas
por todos los muertos.
Mi muerto,
MUERTE.



