Sombras de la tarde

Camino invisible a tu lado,
sin que la tristeza
de mi sombra
roce apenas
tu sonrisa.

Me envuelve la bruma
de esta tarde gris
de un casi verano;
y los colores no brotan;
y la luz se esfuma
y mi alma,
de nuevo en cuarentena,
te extraña
como la marea
a la luna.

Al fondo se recorta,
majestuosa,
la silueta
de un antiguo gigante.
Y yo,
pequeña, insignificante,
me encojo
evitando su mirada.

Las ruedas
del fantasma de metal
recorren,
conmigo en su estómago,
la Gran Vía
a estas horas
todavía transitable,
con las gentes de la noche
en sus oscuros sarcófagos,
en sus tumbas invisibles.

¡Intento inútil el mío,
de borrar tu desidia!.
Y continúas ahí,
arrastrando mi corazón
a esta nostalgia
insistente y odiosa,
mientras la ciudad
avara y ruidosa
engulle mi soledad.

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