Por motivos personales, he tenido estos últimos días un contacto muy cercano con empleados de organismos públicos. Y he de reconocer la profesionalidad y el trato personalizado que he recibido, lo cual tampoco me ha extrañado en exceso, ya que en mi vida profesional he colaborado en numerosas ocasiones con personas de distintos organismos públicos que me han demostrado su valía profesional y personal.
Tal vez, decir esto en un momento en el que los casos de corrupción de cargos públicos están saltando a los medios de información un día tras otro, no sea muy adecuado, pero no me parecería justo que se instalase en la sociedad la creencia de que todos los funcionarios son sobornables. En la Administración no todo es política; también es servicio público, un servicio público que es gestionado por profesionales (buenos, regulares y malos como en cualquier organización) que no saben de prebendas o de sobresueldo, que solo tratan de realizar su trabajo lo mejor posible dentro de sus posibilidades.
Según un estudio del IESE, en la actualidad, el 15,9% del total de ocupados en España (casi 1 de cada 6) es asalariado del sector público, lo cual, sin duda, es una cifra muy elevada; pero siempre faltan médicos, maestros, o técnicos que ayuden a agilizar los trámites para crear una empresa, por ejemplo.
Tal vez cuando se habla de corrupción se debería hablar de corrupción política, pero la política y la Administración van muy unidas y pueden llegar, a veces, a confundirse.
Está claro que hay gente que nace con estrella y gente que nace estrellada, y parece que a Obama la estrella le sigue de cerca. Sin despeinarse ni siquiera un poquito, sin haber demostrado todavía nada más que gestos simbólicos al mundo, resulta que le conceden el Premio Nobel de la Paz. Ese “yes, we can” de su campaña electoral parece que ha seducido no sólo a los estadounidenses, sino también al resto del mundo (excepto, todo hay que decirlo, al Comité Olímpico Internacional).
De los 250 candidatos a este galardón, el presidente de EE.UU. era sin duda la figura más mediática, tal vez si se lo hubieran concedido a la Coalición contra las Armas con munición de fragmentación (MC), la ONG Handicap International, la colombiana Piedad Córdoba o el activista chino a favor de los derechos humanos Hu Jia (por poner algunos ejemplos de los candidatos propuestos), la noticia hubiera pasado casi desapercibida entre miles de titulares; pero Obama vende, vende imagen, vende notoriedad, vende…, todavía solo vende humo.
Creo que el problema de nuestras relaciones internacionales reside más en nosotros mismos que en las estrategias o grandes planteamientos por parte del equipo de expertos de Asuntos Exteriores. Cuando nos quitemos complejos de encima y “Bienvenido Mister Marshall” no nos sugiera demasiado parecido con la realidad, habremos dado un gran paso para normalizar la forma de relacionarnos con los países de ese admirado primer mundo.
El otoño se ha instalado de repente en mi ciudad, y con él la fría sensación de fracaso de un país que no despega de sus ancestrales lastres. Ayer Iñaki Gabilondo declaró en Cuatro que “el principal problema de Zapatero es Zapatero”.
El Grupo Prisa ha comenzado la campaña otoñal con fuerza, arremetiendo duro contra un presidente del PSOE, partido al que la cadena del clan Polanco siempre ha sido incondicional; aunque las malas lenguas dicen que ahora el PSOE es de Prisa y Zapatero de Mediapro.
Me duele este Gobierno, porque es el Gobierno de mi país y me gustaría sentirme orgullosa de contar con un grupo de hombres y mujeres que empujen de un proyecto coherente, sensato, ambicioso y socialmente solidario; pero sólo veo mediocridad y miedo a perder los privilegios que el sillón de la política otorga a quienes lo ocupan. Me duele ver una oposición cicatera y anclada en ideas gastadas, que carga las tintas sólo contra aquello le puede dar más votos y no aporta ideas nuevas. Nuestros políticos, como la Esteban, tan criticada estos días, viven de la mierda, pero por lo menos la Esteban, con toda su ignorancia y su perfil de bufón, vive de la mierda propia y no de la ajena.
Me escapé por unas semanas de la realidad que me rodea teniendo todavía presentes las imágenes de los estudiantes iraníes manifestándose por la libertad y la democracia de su país, y vuelvo a poner los pies en el asfalto, todavía caliente por el sol que nos acompaña incansable, encontrándome con la algarabía montada en Pozuelo de Alarcón por unos chavales a los que la policía quería mandar a su casa, o a algún lugar fuera de la vía pública, convertida por ellos en improvisada parranda de alcohol y risas.
No puedo por menos que comparar las reivindicaciones de los universitarios iraníes y de los jóvenes de Pozuelo (o que estaban esa noche en Pozuelo) y la verdad es que se me cae la cara de verguenza. Porque si nuestros jóvenes sólo se movilizan contra el poder porque les prohiben beber en la calle, es que algo estamos haciendo muy mal. Ni los pésimos resultados de la política educativa, ni la falta de oportunidades a la hora de encontrar trabajos dignos, ni el escaso poder adquisitivo que les permita independizarse de sus padres han conseguido sacar a nuestros jóvenes a las calles; ¡pero que supriman el botellón, eso si que merece movilizar a todo el mundo!
Ahora, un juez de menores ha decidido un castigo ejemplar para los alborotadores adolescentes detenidos: 3 meses sin fiestas, ¡menuda putada! No sólo por el injusto trato a unos chavales que lo único que hacían era divertirse, sino por la coña con la que a partir de ahora van a ser conocidos: los cenicientas de Pozuelo. Pero eso sí, sus preocupados y concienciados progenitores no les darán dos pescozones (que están prohibidos y son malos para la salud mental de sus pipiolos), no invertirán sus ahorros en la educación ciudadana de sus hijos, sino que emprenderán una batalla legal para que a sus traviesos vástagos no les limiten la diversión, ¡vaya a ser que les causen un trauma!
Esta colaboración de la población vasca contra el terrorismo creo que da la razón al Lehendakari Patxi López, que escribía en su blog el pasado mes de junio que “ETA ya ha perdido. Perdió hace mucho”.
Hay personas que, en un momento dado, dejan de ser personas para convertirse en personajes. Creo que eso es lo que le ha pasado al presidente de Venezuela, porque de repente le veo apoyando la polémica reelección de Mahmud Ahmadineyad y soltando sapos por la boca contra “la injerencia de los países occidentales en las elecciones de Irán” y, al minuto siguiente, compruebo que ha cambiado el registro de lider revolucionario mundial por el de vendedor de elixires de la juventud. Desde su página de Aló presidente (que por cierto, me recuerda al NO-DO en versión siglo XXI), y siguiendo con su interpretación de un comercial de altura nos invita a usar unos determinados pañales: “No deje de ponerles Guayuquitos a sus niños o a sus niñas, para que sea más lindo de lo que ya es”. ¡Increible, pero este es el mundo que tenemos! Y mientras, en Irán, el 20 de junio, una joven iraní moría de un disparo por manifestarse pacíficamente contra un gobierno que ha robado la voz a su pueblo. Neda Agha Soltani no es una injerencia de fuera, Sr. Chavez, es una víctima de un régimen no democrático, pero su personaje ignora aquello que va contra sus intereses, ¡qué más da la verdad, lo que importa es qué le beneficia a Vd.!, pero Vd., Sr. Chavez no es Venezuela, por mucho que haya llegado a creerlo. La muerte de Neda es la voz que nos llega a pesar del miedo, quiero pensar que no es una muerte inútil. Quiero pensar que a pesar de personajes como Hugo Chavez o Berlusconi, que han sido votados por sus pueblos para dirigir sus destinos, la razón se impondrá y las conciencias dormidas o anestesiadas despertarán de su letargo. Confío en la esperanza que nos promete Obama, en ese “yes, we can”, que despierte a este mundo asustado porque las reglas de juego han cambiado. Que Neda, que Eduardo Antonio Puelles Garcia, que tantas vícitimas inocentes y anónimas no hayan muerto por nada.
Hoy ha muerto Vicente Ferrer en su casa de Anantapur (India) a los 89 años. Este español universal que nació en Barcelona, llegó como misionero jesuita en 1952 a la India, de donde fue expulsado en 1968 por las suspicacias que despertó su labor entre las autoridades indias. En un reportaje de Informe Semanal,emitido en 2006, se cuenta la historia de este hombre que cambió, con su empuje y su esfuerzo, la vida de millones de personas sin esperanza.
A través de la Fundación Vicente Ferrer, más de 2.500.000 de personas en la India se benefician de sus programas, enfocados a erradicar la pobreza. Esta labor, que continuará su familia, será un valioso legado que no morirá nunca. Un hombre bueno ha muerto, pero nos queda su maravillosa obra: la fe en el ser humano y en su futuro.
A pesar de las medidas de censura impuestas por el Gobierno iraní para evitar que llegue información veraz de lo que está pasando en el país tras las elecciones, imágenes de manifestaciones y protestas salen de Irán gracias a internet. El periodismo ciudadano ha tomado protagonismo en este conflicto a través de redes sociales y medios como Youtube, para mostrar al mundo una realidad que se quiere silenciar por parte de los que ostentan el poder. Esta descencentralización y desconcentración de la información permite sin duda una visión mucho más rica y plural de la realidad, pero ahora surge una duda: ¿qué pasa con la fiabilidad de las fuentes?, ¿cómo se contrasta la veracidad de la información? He aquí el reto de los medios de comunicación: ofrecer información veraz y contrastada en medio de una marea de imágenes y voces.