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Exaltación de la violencia

violenciaLos numerosos comentarios que han entrado en mi blog respecto a la actuación de Emilio Gutiérrez, como respuesta a las consecuencias personales que le ocasionó el último atentado de ETA, me han hecho pensar en la violencia como concepto, como forma de respuesta -no sé si natural o social- a una determinada realidad que nos rodea.

He encontrado numerosos estudios, artículos y comentarios sobre la violencia, algunos de ellos muy interesantes; pero coincido con elenaword en que esta forma de actuar no debe ser jaleada, porque un Estado democrático tiene que encontrar otras fórmulas para defender los intereses legítimos de sus ciudadanos.

Puedo entender la actuación de Emilio como una respuesta individual y espontanea a un acto de violencia repetido, como podría entender que una mujer que sufre malos tratos durante años asesine a su maltratador, pero eso no significa que crea que la solución para acabar con los malos tratos sea que todas las mujeres que sufren este tipo de violencia asesinen a sus maltratadores para acabar con el problema.

Me alegra que la sociedad civil se haya movilizado en este caso e intente ayudar a Emilio por las consecuencias que su actuación pueda acarrearle, pero no creo que sea un héroe ( creo que él tampoco se considera un héroe, ni un vengador, ni un justiciero), es tan solo una víctima que ha respondido con la rabia y la ceguera de la impotencia.

Pero este lamentable hecho si debe hacer recapacitar a los políticos que nos representan, porque son ellos los que deben ofrecer soluciones a los miles de Emilios que viven en el País Vasco. Y el pueblo vasco debe decidir sin miedo. ETA les ha dicho que no vote, así que ahí tiene la maza que puede esgrimir para acabar con ETA, la maza del voto es infinitamente más potente que la violencia.

Fotografía: masternet82

Emilio Gutiérrez o la explosión de la impotencia

El ataque de Emilio Gutiérrez a una herriko taberna de Lazkao tras la bomba de ETA a la sede del PSE, por el destrozo que este atentado causó en su casa, es un gesto numantino contra ese cáncer que está minando la vida en el País Vasco. Es la primera vez que un ciudadano vasco se rebela sólo y a cara descubierta ante la actitud mafiosa de ETA. No llevaba ninguna pistola, sólo una maza con la que descargar su rabia y su impotencia.

Hoy los de Batasuna han convocado una manifestación para condenar su actitud, ¿Y cuándo sus “cachorros” queman autobuses, cajeros automáticos o destrozan los coches aparcados como símbolo de rebelión? No, claro, no es lo mismo, ellos luchan por una causa: la de los que llevan pistola y matan a los que no piensan como ellos, la de los que ponen bombas y se llevan por delante lo que haga falta, 825 muertos hasta 2008.

Los de Gara ya se han movilizado y condenan este bárbaro atentado, pero no dicen nada en su información de los carteles que han inundado ya Lazkao amenazando a Emilio Gutiérrez, quien ya no va a poder dormir en paz, porque es posible que su familia sea desterrada de su pueblo, porque unos cuantos ignorantes se crean las patrañas que les cuentan otros que se han montado un negocio de extorsiones y asesinatos, y porque la mayoría calle ante los continuos atropellos de una banda de matones sin más argumentos que su propia supervivencia.

Desesperación, impotencia y miedo recorren la última fase de la campaña electoral de un País Vasco en la que un hombre ha dicho ¡basta ya! con un gesto tal vez inútil, pero que en el fondo muchos entendemos.

La sociedad vasca o el síndrome de Estocolmo

Aunque parece que hoy mi blog está teniendo un tráfico inusual por una noticia sin trascendencia, creo que es necesario, a la vista del último atentado de los asesinos de ETA, hacer una reflexión sobre qué le ocurre a la sociedad vasca para que no reaccione contra una banda de matones cuyo único fin es continuar con una forma de vida que se alimenta del miedo y de la extorsión.

No entiendo que una sociedad como la vasca, que ha alcanzado sus cuotas más altas de autonomía con la llegada de la democracia a España y que ha recuperado y extendido una lengua que estaba muerta gracias a los impuestos de todos los españoles, siga sin plantar cara a una banda que está minando su futuro con cargas de profundidad. Mientras los vascos sigan con el síndrome de Estocolmo ETA seguirá matando, ETA seguirá amedrentando a los que piensan distinto, porque para los que no tienen argumentos la palabra no vale, por eso utilizan las bombas y las pistolas.

ETA no morirá hasta que los vascos dejen de apoyarla. Hasta ahora muchos de los que le han plantado cara han muerto, como Isaías Carrasco. Si los vascos consideran normal que vecinos suyos deban vivir con escolta por pensar de forma distinta a ETA, que sigan callando, que sigan aceptando la dictadura que les ha impuesto ETA tras la muerte de Franco.