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La utilidad de mirarse el ombligo

1717659920_7a34fd552dMirarse el ombligo es toda una filosofía de vida que practicamos casi todos -y me incluyo- para intentar vivir. Mientras uno se mira su ombligo no ve la situación del de al lado, lo cual es muy útil cuando aquella es mucho peor que la tuya.

Esto viene a cuento de un estupendo post que leí el otro día sobre la vida en Dharavi, un suburbio de Bombay. Está claro que siempre hay alguien que lo está pasando peor que tú, pero si te miras el ombligo y te das tanta pena a ti mismo que te impide mirar al frente y ver lo que te rodea, no tendrás por qué preocuparte.

Algo parecido está pasando con las noticias y comentarios que están llenando los medios estos últimos días: entre espías, chorizos, cacerías, jueces que juegan a ser estrellas de Hollywood por un día, filtración de informaciones, escenificaciones de Fuenteovejuna en forma de comunicado del PP, y demás mandangas, nos tienen bien entretenidos a los comunes mortales, que en realidad ya sabemos que ratas hay en todos los barcos.

Pero estos trampantojos tan bien diseñados y elaborados están consiguiendo desviar la atención de lo que a nuestro querido ombligo le afecta mucho más: los dineros que se nos van sin saber cómo y la dificultad para conseguirlos es cada vez mayor. Y encima los datos del INE no nos dan ni un pequeño respiro, ya que por fin se confirma lo que todos intuíamos por el agujero en nuestros bolsillos: España entra en recisión por la nueva caída del PIB.

En fin, y volviendo al principio, a pesar de todo y de todos los que nos gobiernan y de los que nos quieren gobernar, me considero afortunada de vivir en un país en el que tienes la posibilidad de alimentarte todos los días, en el que existen una sanidad y una educación que -con todas sus sombras- te permiten existir dignamente, y además en el que se te permite pensar y decir lo que piensas.

Evidentemente, el conocer la miseria en la que viven millones de personas no implica que no me preocupe por mejorar mi bienestar, pero sí que me hace reflexionar sobre lo esencial y lo superfluo, sobre lo fundamental y lo accesorio.

Fotografía: Chaquetadepollo

¿A quién le importa el Congo?

Más de 250.000 desplazados por el conflicto armado en el este de la República Democrática del Congo (RDC) ha sido calificado por la ONU como un agujero negro humanitario, pero eso parece no ser importante. El que  cada mes pierdan la vida 45.000 personas por este conflicto, según estimaciones de la organización internacional Rescue Committee (IRC), no le quita el sueño a ningún mandatario del primer mundo, ya que los intereses económicos contrapuestos de las potencias occidentales impiden una acción coordinada en la zona.

El negocio del coltán alimenta la codicia y financia muerte, la muerte de hasta ahora más de 5 millones de personas. No son los problemas étnicos, sino el beneficio económico el que promueve esta guerra. El segundo país más grande de África, con importantes recursos minerales, está siendo arrasado por la avaricia de multinacionales y potencias mundiales que lo utilizan como campo de batalla para obtener ventajas, tanto económicas como geoestratégicas. Pero, ¿a quién le importa el Congo?



En mi nombre

Una bella canción para una buena causa.

El hambre en el mundo no es noticia

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Foto: Galería de arantxamex

Los medios de comunicación, el cuarto poder, nos filtran las informaciones que se generan cada minuto, cada segundo. Si algo es destacado en los medios, adquiere importancia social, si los medios ignoran algo que sucede, el hecho o acontecimiento no existe, no es.

El papel social de los medios es importante, pero éstos parecen sólo tenerlo en cuenta para sus propias campañas de publicidad (12 meses, 12 causas) y no para dar a conocer informaciones que remuevan la conciencia de la gente. Me ha impactado el artículo sobre la petición de la ONU, que ha escrito Elenaword en la Revista Maravilhion. Recomiendo su lectura, porque es fundamental distinguir lo importante de los fuegos de artificio con los que nos saturan todos los días desde los grandes medios.