Me ha encantado un “post” que he leído en el blog de Marcelino Madrigal sobre la utilidad que tienen estos espacios personales de comunicación que se denominan bitácoras o blogs. Inicié este blog porque me gusta escribir sin más limitaciones que las que yo me marque. Nunca me propuse ser referente de nada ni de nadie, aunque con el paso del tiempo, algunas de mis entradas -pocas- han tenido un cierto tráfico de visitas y reconozco que me han provocado un cierto subidón del ego. Pero han sido escasos momentos de casi gloria que se han esfumado a los pocos días, cuando las búsquedas de Google han disminuido hasta desaparecer por completo y devolverme a la cruda realidad de que escribo fundamentalmente para mí, para aclarar mis ideas (lo cual no es tan fácil como parece a simple vista).
Mi blog es como un espejo en el que me miro de vez en cuando para poder saber cómo soy, para ver las arrugas que van surgiendo en mi rostro, o para descubrir las manchas que van sustituyendo a las hasta hace pocos años simpáticas pecas de mi nariz.
Leo en Bitácoras.com las crónicas del EBE’09 y me pregunto si ha sido un evento de reflexión o de autocomplacencia. No obstante, tampoco me preocupa demasiado, no es mi negocio. Sin embargo, me gusta moverme en estas redes porque me permiten conocer otras voces, voces solitarias como la mía, voces interesantes que pululan en medio de gente que se gana la vida con esto (muy dignamente, por cierto), sin más objetivo que dejar constancia de su existencia (aunque sea invisible, aunque no sirva para nada).
¡Sin duda, la vida es mucho más que la red!












