Posts Tagged ‘ideas’

Me encanta hacer un blog que no aporta nada

Me ha encantado un “post” que he leído en el blog de Marcelino Madrigal sobre la utilidad que tienen estos espacios personales de comunicación que se denominan bitácoras o blogs. Inicié este blog porque me gusta escribir sin más limitaciones que las que yo me marque. Nunca me propuse ser referente de nada ni de nadie, aunque con el paso del tiempo, algunas de mis entradas -pocas- han tenido un cierto tráfico de visitas y reconozco que me han provocado un cierto subidón del ego. Pero han sido escasos momentos de casi gloria que  se han esfumado a los pocos días, cuando las búsquedas de Google han disminuido hasta desaparecer por completo y devolverme a la cruda realidad de que escribo fundamentalmente para mí, para aclarar mis ideas (lo cual no es tan fácil como parece a simple vista).

Mi blog es como un espejo en el que me miro de vez en cuando para poder saber cómo soy, para ver las arrugas que van surgiendo en mi rostro, o para descubrir las manchas que van sustituyendo a las hasta hace pocos años simpáticas pecas de mi nariz.

Leo en Bitácoras.com las crónicas del EBE’09 y me pregunto si ha sido un evento de reflexión o de autocomplacencia. No obstante, tampoco me preocupa demasiado, no es mi negocio. Sin embargo, me gusta moverme en estas redes porque me permiten conocer otras voces, voces solitarias como la mía, voces interesantes que pululan en medio de gente que se gana la vida con esto (muy dignamente, por cierto), sin más objetivo que dejar constancia de su existencia (aunque sea invisible, aunque no sirva para nada).

¡Sin duda, la vida es mucho más que la red!

El barrio de los buenos deseos

caminando_la_vidaEntre la Avenida de la Felicidad y la Calle de la Generosidad se cruza la calle del Afecto y, cercanas a ellas, están también la calle de la Dulzura, de la Alianza, de la Conciliación, o el Pasaje de la Avenencia.

Este barrio de los buenos deseos, ubicado al sur de Madrid, donde todos los gatos son pardos, me ha despertado un sentimiento de esperanza (cuyo Paseo está en el barrio de Arganzuela), mientras oigo los comentarios al debate de los presupuestos generales del Estado, leo que el Ayuntamiento de El Ejido paga más de 2000 euros por cambiar una baldosa, y que la eterna Maria Antonia Munar (gane quien gane en Baleares) puede tener algún pelo mal colocado por supuestas juergas inmobiliarias.

Las calles de la Conformidad y de la Ciudadanía me hacen pensar que, tal vez, el pirata que es mayor de edad ¿o no? ha sido traído para hacer justicia y no para ser moneda de cambio; que Millet y Montull son dos buenos ciudadanos que se han desviado ligeramente del camino correcto (por lo que no hay que hacer sangre si no es necesario), y que los Albertos son un ejemplo a seguir, porque renunciar a pedir al Estado una indemnización por los “por los daños y perjuicios injustos causados por el anormal funcionamiento de la administración de Justicia” es verdaderamente sorprendente, más cuando ese anormal funcionamiento les ha librado de la cárcel al prescribir los delitos de los que se les acusaban.

En fin, que no sé si ir a darme una vuelta por la calle de la Unanimidad o por la de la Coalición, o mejor por la del Consenso, para ver si conseguimos salir del atolladero que se nos ha planteado con el siempre espinoso tema del aborto; aunque creo que voy a volver a releer primero a mi querido Filósofo Loco y a reflexionar sobre ¿qué es la vida?, porque la vida tiene múltiples acepciones dependiendo de la disciplina desde la que se analice. Me gusta la idea de que la vida es un préstamo que vamos pagando poco a poco (como una hipoteca) en plazos de amor y felicidad. ¡una bella descripción de la vida, a la que yo me apunto, amigo Filósofo!.

El problema de Zapatero es Zapatero

El otoño se ha instalado de repente en mi ciudad, y con él la fría sensación de fracaso de un país que no despega de sus ancestrales lastres. Ayer Iñaki Gabilondo declaró en Cuatro que “el principal problema de Zapatero es Zapatero”.

El Grupo Prisa ha comenzado la campaña otoñal con fuerza, arremetiendo duro contra un presidente del PSOE, partido al que la cadena del clan Polanco siempre ha sido incondicional; aunque las malas lenguas dicen que ahora el PSOE es de Prisa y Zapatero de Mediapro.

Me duele este Gobierno, porque es el Gobierno de mi país y me gustaría sentirme orgullosa de contar con un grupo de hombres y mujeres que empujen de un proyecto coherente, sensato, ambicioso y socialmente solidario; pero sólo veo mediocridad y miedo a perder los privilegios que el sillón de la política otorga a quienes lo ocupan. Me duele ver una oposición cicatera y anclada en ideas gastadas, que carga las tintas sólo contra aquello le puede dar más votos y no aporta ideas nuevas. Nuestros políticos, como la Esteban, tan criticada estos días, viven de la mierda, pero por lo menos la Esteban, con toda su ignorancia y su perfil de bufón, vive de la mierda propia y no de la ajena.

Palabras malditas, malditas palabras

sentir las palabrasTodo se puede convertir en palabras. Lo que leemos son puras palabras. Palabras son lo que hablamos y lo que escuchamos. Y en un texto caben todas las clases de palabras: malditas, directas, mentirosas, románticas, atrevidas, disfrazadas, seductoras o impuras.

Las palabras no son ni buenas ni malas, simplemente son signos que sirven para expresarse. El lenguaje está vivo porque es reflejo de la sociedad que lo utiliza, de sus valores, de su cultura, de su evolución. Se contamina de otras lenguas, de jergas, de nuevos modismos y genera términos que se adecuan a su uso cotidiano.

Con palabras conformamos el lenguaje, entendiendo por lenguaje la capacidad que tienen los hombres para expresar su pensamiento y comunicarse –intercambiar información- por medio de un sistema de signos vocales y ocasionalmente gráficos. En las primeras líneas de ‘Cien años de soledad’, Gabriel García Márquez describe Macondo diciendo que “el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

Octavio Paz señala que “en nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro, y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las más brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones. Palabras malditas, que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos”.

A pesar de la carga esotérica que el poeta mejicano da a ciertas palabras, el lenguaje es una herramienta cuya utilización depende de la intención del sujeto que la emplee. En sí mismo es tremendamente democrático y aunque ciertos grupos quisieran, serían incapaces de modificar un significado sin que la comunidad lo aceptara. El lenguaje no es machista o sexista, no es racista, no es excluyente; por el contrario, el lenguaje es un elemento integrador ya que posibilita la comunicación.

Bien es cierto que es fruto de la evolución de una sociedad y, en este sentido, existen expresiones que pueden considerarse hirientes para determinados grupos: mujeres, judíos, gitanos, homosexuales o discapacitados, porque el lenguaje también es conformado por los grupos que ostentan el poder social, político y económico de la misma.

En este sentido, serán estos grupos los que propugnen en ocasiones nuevos vocablos, nuevos significados para “viejas” palabras, pero no penetrarán en la sociedad desde la imposición, sino desde la convicción de la propia colectividad.

Quiero que me cuentes un cuento

Estoy harta de tanta fealdad. Necesito soñar, creer en los finales felices, aunque sólo sea de cuando en cuando, para poder seguir manteniendo el rumbo de este barco tan frágil.

Ayer escribí:

Sangra mi lengua
entre dardos calientes
de ira y miedo.

Quisiera expresar sentimientos más positivos, pero la realidad que me rodea no invita a grandes esperanzas, o tal vez sea yo la que esté desesperanzada. En fin, que hoy me he levantado con ganas de encontrar un cuento con final feliz. Aquí os dejo uno con unas bellas imágenes: “L’Our”.

¡Socorro! soy una egoísta satisfecha

Hoy quiero utilizar este blog como si fuera una reunión de alcohólicos anónimos de esas que salen en las películas, para declararme públicamente una egoísta satisfecha y así poder iniciar mi recuperación.

Al ver a tantos abuelos trabajando de niñeros, me doy cuenta que pertenezco a una generación de egoístas satisfechos. A mis hijos los han criado sus dos abuelas, porque así mi pareja y yo podíamos realizarnos profesionalmente y ellas se entretenían (o eso quería pensar yo para no sentirme culpable).

Pero en un momento dado, un click saltó dentro de mi cabeza porque las abuelas cada vez eran más mayores y tenían más ganas de dedicarse a ellas mismas y menos de criar a mis hijos. ¿Qué pasaría cuando ellas no pudieran cuidarse a sí mismas?, porque todos vivimos demasiado ocupados para permitirnos tener tiempo para ellas.

¿Qué quería yo? Quería mantenerme viva intelectual y profesionalmente, pero también quería transmitir a mis hijos una educación en valores (eso de lo que tanto se habla y que nadie sabe muy bien por donde coger) y quería que las abuelas tuvieran un ritmo de vida más acorde con sus años. Tal vez tomé una decisión equivocada, pero dejé un trabajo absorbente para poder sentirme bien conmigo misma. No me arrepiento, he recuperado un tiempo que no tenía para mí, un tiempo que no tenía  para mis hijos, he dejado a las abuelas que vean a sus nietos cuando quieran sin tener la obligación de cuidarlos, de educarlos; pero ahora me pregunto ¿seré capaz alguna vez de encontrar esa conciliación de la que tanto se habla sin perder algo fundamental en el camino?

Sí, soy una egoísta satisfecha, pero algo dentro de mí me empuja a luchar todos los días contra ese sentimiento de mirarme el ombligo. Tengo “Miedo a perderme”, como los chicos de Blokeo, una joven banda que trata de abrirse camino en la jungla de la música. ¡Va por ti, Miguelón!

“Media hora”, de Hector Projector

Para disfrutarlo.

Resultados del G-20

Cuando termina la “fiesta”:

“Vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas.”

La realidad cambiante

La realidad no es inmutable, si no, como se explica en este interesante vídeo, seguiríamos creyendo que la tierra es plana, o que el sol gira a su alrededor. Aceptar una nueva realidad es un proceso cognitivo que lleva tiempo; tal vez dentro de unos siglos la Iglesia católica rectifique su postura respecto a algunos temas que hoy condena con rotundidad.

Los verdaderos creyentes

dudaVivimos en un mundo que no nos permite dudar: ni de los dogmas religiosos, ni de las decisiones políticas que se toman en nombre de la libertad, la igualdad o el progreso; ni de los “popes” que desde los periódicos, las radios, las televisiones, los medios electrónicos nos cuentan todos los días la “Verdad”.

En un interesante artículo de Jorge Majfud, titulado “La cultura del odio en la crisis en la historia” se dice que “si uno es un verdadero creyente debe comenzar por no dudar del texto sagrado que fundamenta su doctrina o religión. Esto, que parece lógico, se convierte en trágico cuando una minoría le exige al resto del pueblo la misma actitud de obediencia ciega, usurpando el lugar de Dios en representación de Dios. Se opera así una transferencia de la fe en los textos sagrados a los textos políticos. El ministro del Rey se convierte en Primer Ministro y el Rey deja de gobernar. En la mayoría de los medios de comunicación no se nos exige que pensemos; se nos exige que creamos. Es la dinámica de la publicidad que forma consumidores de discursos basados en el sentido de la obviedad y la simplificación. Todo está organizado para convencernos de algo o para ratificar nuestra fe en un grupo, en un sistema, en un partido. Todo bajo el disfraz de la diversidad y la tolerancia, de la discusión y el debate, donde normalmente se invita a un gris representante de la posición contraria para humillarlo o burlarse de él. El periodista comprometido, como el político, es un pastor que se dirige a un público acostumbrado a escuchar sermones incuestionables, opiniones teológicas como si fuesen la misma palabra de Dios.”

El análisis, la duda, la realidad múltiple y compleja se reduce a unas consignas fáciles de asimilar por una masa sin individualidades que necesita creer para no tener miedo: miedo al futuro, miedo al fracaso, miedo a la muerte, miedo a los disidentes… Las inconsistencias de esas creencias o las falsedades que conllevan en sí mismas se tapan o se eluden con consignas de “tú eres peor que yo”, “tú eres la destrucción”, “tú eres el fracaso”, “tú eres el mal”. Y si no, ¿cómo valorar las informaciones con las que nos están bombardeando estos días?, póngase el caso: debate en el Congreso de los Diputados sobre Kosovo, la campaña de la iglesia contra la regularización del aborto o el discurso del Papa en África contra los preservativos, la actitud de los mossos ante la manifestación anti-Bolonia, …

Tal vez, como afirma Jorge Mansud, haya que aprender a mirar fuera, porque “todo pensamiento inevitablemente afirma y niega algo. El problema radica cuando se reduce el Universo dentro de una cáscara de nuez y se nos exige una toma de partido. Es entonces que tomar conciencia significa romper nuestro estrecho círculo para mirar hacia fuera. Y reconstruir el espíritu partido.”

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