El purgatorio de la línea 6
El metro de Madrid es el lugar de los invisibles, de miles de historias que día tras día se entrecruzan sin rozarse. Los cuerpos se fusionan sin pretender perder su espacio vital -aunque sea de forma virtual y no real-. Me recuerda al purgatorio, ese espacio que se intenta a travesar lo más rápidamente posible para alcanzar el cielo, la luz.
Estos versos de Dante, refiriéndose al purgatorio, se me presentan cada día al bajar a la linea 6.
«Felices muertos, almas elegidas ‑Virgilio dijo‑ por la paz aquella que todos esperáis, según bien creo, decidnos dónde baja la montaña, para poder subir; pues más disgusta perder el tiempo a quien su precio sabe.»¿Cuál es tu rincón invisible?
Todos tenemos rincones que los demás no pueden ver o no queremos que vean. Los escondemos tanto, que incluso a veces nosotros mismos nos olvidamos que existen. Nos avergonzamos, nos dan miedo porque al hacerlos visibles nos hacemos más vulnerables, más frágiles. Este será el espacio de mis rincones invisibles, esos que nunca afloran, esos que parecen no existir. Me gustaría conocer también otros rincones invisibles: sueños, decepciones, fracasos, esperanzas…
También hay otra dimensión invisible, la de la masa silenciosa; yo soy parte de ella, como la mayoría de vosotros. Pero a veces alguno sale, por un instante, de este anonimato para convertirse en noticia, en comentario en boca del resto de invisibles. Ayer leí una noticia que me sacudió por dentro: en un periódico de tirada nacional publicaban que una muchacha de unos 20 años se había matado al caer a la calle desde un segundo o tercer piso y nadie había reclamado su cuerpo, ¿existe alguién tan invisible que nadie llore por esa persona a su muerte?.
¡Hola, invisibles!
Ésta es para mí una nueva dimensión en la que me muevo inseguro, no sé si estoy escribiendo un diario secreto, exhibiendo mi “identidad oculta” o jugando con fuego al utilizar una herramienta que no domino, que no controlo, que me produce una sensación de vértigo al no poder predecir las consecuencias de mi ingenua, asombrada y descerebrada actitud. De momento, me dedicaré a jugar con este nuevo amigo, hasta que alguien en este universo desconocido se apiade de mí y me tienda una mano para encontrar el camino a casa.



