Hay personas que, en un momento dado, dejan de ser personas para convertirse en personajes. Creo que eso es lo que le ha pasado al presidente de Venezuela, porque de repente le veo apoyando la polémica reelección de Mahmud Ahmadineyad y soltando sapos por la boca contra “la injerencia de los países occidentales en las elecciones de Irán” y, al minuto siguiente, compruebo que ha cambiado el registro de lider revolucionario mundial por el de vendedor de elixires de la juventud. Desde su página de Aló presidente (que por cierto, me recuerda al NO-DO en versión siglo XXI), y siguiendo con su interpretación de un comercial de altura nos invita a usar unos determinados pañales: “No deje de ponerles Guayuquitos a sus niños o a sus niñas, para que sea más lindo de lo que ya es”. ¡Increible, pero este es el mundo que tenemos! Y mientras, en Irán, el 20 de junio, una joven iraní moría de un disparo por manifestarse pacíficamente contra un gobierno que ha robado la voz a su pueblo. Neda Agha Soltani no es una injerencia de fuera, Sr. Chavez, es una víctima de un régimen no democrático, pero su personaje ignora aquello que va contra sus intereses, ¡qué más da la verdad, lo que importa es qué le beneficia a Vd.!, pero Vd., Sr. Chavez no es Venezuela, por mucho que haya llegado a creerlo. La muerte de Neda es la voz que nos llega a pesar del miedo, quiero pensar que no es una muerte inútil. Quiero pensar que a pesar de personajes como Hugo Chavez o Berlusconi, que han sido votados por sus pueblos para dirigir sus destinos, la razón se impondrá y las conciencias dormidas o anestesiadas despertarán de su letargo. Confío en la esperanza que nos promete Obama, en ese “yes, we can”, que despierte a este mundo asustado porque las reglas de juego han cambiado. Que Neda, que Eduardo Antonio Puelles Garcia, que tantas vícitimas inocentes y anónimas no hayan muerto por nada.

El próximo 8 de marzo se conmemora, como todos los años, el
Recordar un día al año la discriminación que sufre la mujer por el mero hecho de serlo no es suficiente; las declaraciones internacionales condenando esta situación no son suficientes, la creación de un 









