Posts Tagged ‘muerte’

Hugo Chavez, ese gran showman

Hay personas que, en un momento dado, dejan de ser personas para convertirse en personajes. Creo que eso es lo que le ha pasado al presidente de Venezuela, porque de repente le veo apoyando la polémica reelección de Mahmud Ahmadineyad y soltando sapos por la boca contra “la injerencia de los países occidentales en las elecciones de Irán” y, al minuto siguiente, compruebo que ha cambiado el registro de lider revolucionario mundial por el de vendedor de elixires de la juventud. Desde su página de Aló presidente (que por cierto, me recuerda al NO-DO en versión siglo XXI), y siguiendo con su interpretación de un comercial de altura nos invita a usar unos determinados pañales: “No deje de ponerles Guayuquitos a sus niños o a sus niñas, para que sea más lindo de lo que ya es”. ¡Increible, pero este es el mundo que tenemos! Y mientras, en Irán, el 20 de junio, una joven iraní moría de un disparo por manifestarse pacíficamente contra un gobierno que ha robado la voz a su pueblo. Neda Agha Soltani no es una injerencia de fuera, Sr. Chavez, es una víctima de un régimen no democrático, pero su personaje ignora aquello que va contra sus intereses, ¡qué más da la verdad, lo que importa es qué le beneficia a Vd.!, pero Vd., Sr. Chavez no es Venezuela, por mucho que haya llegado a creerlo. La muerte de Neda es la voz que nos llega a pesar del miedo, quiero pensar que no es una muerte inútil. Quiero pensar que a pesar de personajes como Hugo Chavez o Berlusconi, que han sido votados por sus pueblos para dirigir sus destinos, la razón se impondrá y las conciencias dormidas o anestesiadas despertarán de su letargo. Confío en la esperanza que nos promete Obama, en ese “yes, we can”, que despierte a este mundo asustado porque las reglas de juego han cambiado. Que Neda, que Eduardo Antonio Puelles Garcia, que tantas vícitimas  inocentes y anónimas no hayan muerto por nada.

Muere Vicente Ferrer, un hombre bueno

Vicente_Ferrer

Hoy ha muerto Vicente Ferrer en su casa de Anantapur (India) a los 89 años. Este español universal que nació en Barcelona,  llegó como misionero jesuita en 1952 a la India, de donde fue expulsado en 1968 por las suspicacias que despertó su labor entre las autoridades indias. En un reportaje de Informe Semanal, emitido en 2006, se cuenta la historia de este hombre que cambió, con su empuje y su esfuerzo, la vida de millones de personas sin esperanza.

A través de la Fundación Vicente Ferrer, más de 2.500.000 de personas en la India se benefician de sus programas, enfocados a erradicar la pobreza. Esta labor, que continuará su familia, será un valioso legado que no morirá nunca.  Un hombre bueno ha muerto, pero nos queda su maravillosa obra: la fe en el ser humano y en su futuro.

5º aniversario del 11 de marzo

Hace 5 años, un 11 de marzo, Madrid fue triste protagonista de un cruel y masivo asesinato. 192 personas murieron y miles resultaron heridas aquel fatídico 11 de marzo. Hoy debería ser únicamente un día de recuerdo para todos aquellos inocentes, pero la política no entiende de grandeza y este día de homenaje parece que va a teñirse de mezquindad, parece  que de nuevo las víctimas van a ser utilizadas por unos y por otros para su propio provecho.

Creo que nuestros políticos deberían pensar menos en los gestos electoralistas y sumarse, sólo con el corazón, al dolor que sigue vivo en tantos madrileños.

Mi 23-F

ausenciaHoy hace 25 años te marchaste, pero la herida de tu partida sigue escociendo como esa señal que te recuerda cuando llueve, o cuando cambia el tiempo, que eres frágil y que tu cuerpo es como esos alimentos perecederos, con fecha fija de caducidad.

No he vuelto a verte, ni siquiera en sueños, tal vez porque te tengo demasiado presente; porque sí he soñado con otros muertos que también llevo ya cargados a la espalda, y que duelen de otra forma, más racional, más llevadera.

Aunque la esperes, la muerte siempre te pilla mirando hacia otro lado, por eso siempre gana la partida. Ese 23 de febrero también fue una mañana soleada, luego ya no lo recuerdo, se me nublaron las condolencias y las ganas de escaparme, se me enredaron las imágenes y los recuerdos. Sólo recuerdo nítidamente un sol claro y fuerte, cuando tú ya estabas muerto, cuando tú ya no sentías su calor ni su veías su luz.

Me sorprendió en ese momento en que eras mi muro de contención y chocaba contra ti una y otra vez; yo quería empezar a volar deprisa y tú frenabas mis ansias de volar lejos, querías que aprendiera primero las técnicas de vuelo, pero yo tenía prisa por descubrir todo aquello que quedaba fuera de nuestras ventanas. Y entonces vino el maldito cáncer de páncreas a destruir tu vida y mi mundo se tambaleó.

Ese mismo día, ETA mató a Enrique Casas, y en 25 años poco se ha aprendido de tantos y tantos muertos. Ese día, ese 23 de febrero, continúa doliendo; aunque la vida siga y yo haya aprendido de nuevo a ser feliz -a ratos-, aunque ya sea capaz de verbalizar tu muerte.

raf-valloneHe querido recordarte hoy con esa foto de pose de galán de cine de los años 50, en la que se aprecia ese parecido que decían que tenías con Raf Vallone. En esa foto los sueños estaban vivos en tu mirada verde. La vida todavía no te había pasado factura y era sólo un pulso entre tus ideales y la dura realidad que te tocó vivir.

La niña que todavía era hace 25 años, murió contigo ese 23 de febrero; se desvaneció entre la bruma de un triste y pequeño cementerio de una aldea gallega, entre las lápidas de desconocidos ancestros; se quedó guardando tu sonrisa y tus abrazos para cuando volvieras, algún día, a por ella.

Después de 64 años del holocausto

Hoy, 27 de enero, la ONU conmemora el Día Internacional Anual de las Víctimas del Holocausto. Hoy, hace 64 años los aliados liberaron el campo de concentración de Auschwitz en 1945. Hoy, 64 años después, los hombres seguimos matando hombres en nombre de la libertad, de la seguridad, de un dios, de una tierra.

Auschwitz es hoy un símbolo de crueldad, de perversión y un recordatorio de lo frágil que es la convivencia, de que la tolerancia y la razón se pueden perder si no las cuidamos.

¿Hemos aprendido algo? Miro hacia Israel, hacia Gaza, y veo que no, que no hemos aprendido nada. Por eso no podemos olvidar a todos aquellos que han muerto porque otros consideraron que eran sólo un estorbo para sus planes.

ETA, la Y vasca, mata a Uría

ETAHoy ETA ha hablado como habla siempre, con pistola y por la espalda, como los cobardes. Esta vez han ido a lo más fácil, matar a un ciudadano vasco sin más escolta que su propio cuerpo. Su único crimen ha sido contribuir con su trabajo a que las tres capitales vascas estén mejor comunicadas, algo que los asesinos de ETA no quieren, porque la comunicación es perniciosa para sus intereses, que no son otros que mantener a los vascos (y las vascas como le gusta decir al Lehendakari) sordos, mudos y ciegos, y sobre todo amedrentados por ese espacio de terror que constituyen estos mafiosos.

La “y” en euskera es “eta”, un signo de unión de conceptos; pero la ETA que hoy ha asesinado impunemente a Ignacio Uría en Azpeitia, es un signo de muerte, de destrucción, de ignorancia y aniquilamiento de la sociedad democrática (con sus luces y sus sombras) que estamos intentando construir entre todos desde 1975: vascos, gallegos, castellanos, catalanes, andaluces, extremeños, canarios, asturianos, ceutíes y melillenses, leoneses, navarros, cántabros, aragoneses, murcianos y manchegos.

¿Hasta cuándo van a aguantar los vascos esta dictadura del terror en la que viven instalados? ETA no les va a hacer libres, ETA les tiene acojonados.

Fotografía: kontrainformatu

Cerdos muertos y una historia de amor

Ayer los informativos televisivos nos quisieron despertar del letargo que trae consigo el verano con la imagen de más de un centenar de cerdos desparramados en una carretera catalana. La instantánea era cruel e innecesaria para los que intentamos olvidarnos durante unos días de que el paraíso es una utopía que sólo existe durante unos instantes y que, la mayoría de las veces, solemos dejar escapar porque tenemos demasiadas cosas que hacer, demasiados retos que alcanzar, demasiadas tareas innecesarias con las que ahogarnos.

Dejo una tierna historia de amor para este verano, que releve la imagen de la muerte de mis retinas, aunque muerte y vida van siempre unidas.

El principio de un recuerdo

Tenía su mano entre las mías, esa mano antaño fuerte y vigorosa que se tornó en unos meses cristalina, transparente. Ya no hablaba, tenía los ojos cerrados y su respiración era casi imperceptible. De pronto, un leve movimiento de sus dedos me indicó que debía soltarle. Subió lentamente su mano derecha hacia su frente, luego al pecho, pasándola por el hombro izquierdo y finalizando esa cruz simbólica en el hombro derecho. Tras realizar con un gran esfuerzo ese gesto tres veces, dejó caer otra vez su mano entre las mías. Estaba helada, intenté transmitirle calor, pero su mano se transformó en marmol.

Fue una noche larga, vacía, en la que al final vomité en una oscura y fría sala de hospital toda mi angustia, mi dolor, mi miedo, mi incredulidad ante un hecho cierto: la muerte de un hombre que me había dedicado 20 años de su vida; que me había transmitido entre besos, juegos y palabras duras sus ilusiones, sus fracasos, su cariño.

DEATH PUMPKIN – QwirkSilver

Eran las 10 de la mañana de un frío y despejado 23 de febrero, fecha maldita, cuando un numeroso ejército de células cancerosas vencieron a un corazón grande y bueno, al igual que un dragón de mil cabezas vence al príncipe valiente.

Esa noche, al volver a casa -nuestro refugio-, algo cayó sobre mí al contemplar su ropa sobre la cama -hoy vacía de su olor-. Y aunque creía que nunca más cerraría los ojos para poder retener aquello que él ya no vería, dormí. Y esa noche no soñé, no reviví ningún momento, no creé ninguna ilusión, no sentí ningún miedo; así me acerqué más a él, porque caí en el descanso de los muertos.

Si de algo he de sentirme feliz es de haber cumplido su último deseo, no quería ser enterrado en esta gran ciudad, entre cadáveres anónimos y desconocidos. Así, comenzamos una peregrinación hacia su infancia, hacia esa tierra por la que siempre lloraba y que le iba a acoger para siempre entre sus huecos.

La gente pasó ante el féretro, yo no entendía esa música constante del “Padre nuestro”. La rebeldía y la ira se apoderaron de mí a medida que subía el tono de los rezos, y creo que grité “por qué no le dejáis en paz, ya está muerto”.

Todo terminó donde termina siempre, en el cementerio. No asistí a su entierro, no me sentí capaz de ver cómo encerraban tras una capa de cemento una parte importante de mi vida, como desaparecía del mundo de los vivos un hombre bueno.

Hoy, muchos años después, sigo esperando que llame a la puerta, porque él continua aquí conmigo, continuará siempre. Y el final de su vida se ha transformado en el principio de un recuerdo.