Señor Presidente:
Nunca me he sentido parte de una estadística, pero en este caso he de reconocer que formar parte de esos más de 3 millones de parados me está empezando a agobiar; más cuando este mes dejo de cobrar la prestación por desempleo.
Le oigo decir que no nos preocupemos, que entrar a formar parte de este colectivo supone una oportunidad para un mejor empleo, ¿cuál, señor Presidente? Yo llevo dos años en ese colectivo y, desde la oficina del INEM, nunca me han llamado para ofrecerme un puesto de trabajo. La verdad es que una periodista con 17 años de experiencia a sus espaldas es un grano en el culo (y perdón por la expresión), yo lo entiendo. Tal vez sea hora de dirigir mi objetivo al sector panadero o funerario, que parece ser que no tienen problemas a la hora de contratar nuevo personal.
En el programa de “Tengo una pregunta para Vd.” una mujer, parada como yo, le pedía respuestas y Vd. le dio largas, le dio excusas, le lanzó buenas palabras. Pero con buenas intenciones y buenas palabras no se come, señor Presidente; no se pagan los recibos pendientes. Si algo me molesta enormemente es la facilidad que tiene su Gobierno para echar balones fuera: ahora los malos son los bancos, que no dan créditos; aunque hace unos meses se deshacía en alabanzas a este mismo sector, al que consideraba un ejemplo a seguir por del resto del mundo.
No es tan simple la realidad como Vd. nos quiere hacer ver, aunque haya personas que como mi madre, una socialista de corazón de casi 80 años, le crea a pies juntillas y eche toda la culpa de la situación actual al malnacido de Bush y a los tiburones del sistema financiero americano.
Los países europeos con los que siempre nos queremos comparar no tienen las tasas de desempleo que tenemos nosotros, ¿por qué, señor Presidente? algo, digo yo, habremos hecho distinto para que los demás aguanten la crisis financiera internacional, mientras nuestra población activa se va disolviendo como por arte de magia.
Sus ochenta y tantas medidas parece que no están devolviendo la confianza a nuestra economía, ahora ¿qué nos queda?, ¿esperar a que escampe? Tal vez Vd. esté a cobijo y pueda esperar. Yo, como el resto de los parados, estoy a la intemperie y puede que, para cuando escampe, la pulmonía derive en neumonía y ya sea tarde para salvarme. Pero eso Vd. no lo ve, ¿verdad, sr. Presidente?
De momento, voy capeando el temporal y siento que hay cosas por las que merece la pena seguir luchando. Este dibujo se lo dejó mi hija de 7 años a mi hijo de 12 años, ésta es una de esas cosas.
