Está claro que hay gente que nace con estrella y gente que nace estrellada, y parece que a Obama la estrella le sigue de cerca. Sin despeinarse ni siquiera un poquito, sin haber demostrado todavía nada más que gestos simbólicos al mundo, resulta que le conceden el Premio Nobel de la Paz. Ese “yes, we can” de su campaña electoral parece que ha seducido no sólo a los estadounidenses, sino también al resto del mundo (excepto, todo hay que decirlo, al Comité Olímpico Internacional).
De los 250 candidatos a este galardón, el presidente de EE.UU. era sin duda la figura más mediática, tal vez si se lo hubieran concedido a la Coalición contra las Armas con munición de fragmentación (MC), la ONG Handicap International, la colombiana Piedad Córdoba o el activista chino a favor de los derechos humanos Hu Jia (por poner algunos ejemplos de los candidatos propuestos), la noticia hubiera pasado casi desapercibida entre miles de titulares; pero Obama vende, vende imagen, vende notoriedad, vende…, todavía solo vende humo.
Después de unos días de estar desconectada (literalmente), me he encontrado con la agradable sorpresa de que he recibido un premio por este blog:








