Por motivos personales, he tenido estos últimos días un contacto muy cercano con empleados de organismos públicos. Y he de reconocer la profesionalidad y el trato personalizado que he recibido, lo cual tampoco me ha extrañado en exceso, ya que en mi vida profesional he colaborado en numerosas ocasiones con personas de distintos organismos públicos que me han demostrado su valía profesional y personal.
Tal vez, decir esto en un momento en el que los casos de corrupción de cargos públicos están saltando a los medios de información un día tras otro, no sea muy adecuado, pero no me parecería justo que se instalase en la sociedad la creencia de que todos los funcionarios son sobornables. En la Administración no todo es política; también es servicio público, un servicio público que es gestionado por profesionales (buenos, regulares y malos como en cualquier organización) que no saben de prebendas o de sobresueldo, que solo tratan de realizar su trabajo lo mejor posible dentro de sus posibilidades.
Según un estudio del IESE, en la actualidad, el 15,9% del total de ocupados en España (casi 1 de cada 6) es asalariado del sector público, lo cual, sin duda, es una cifra muy elevada; pero siempre faltan médicos, maestros, o técnicos que ayuden a agilizar los trámites para crear una empresa, por ejemplo.
Tal vez cuando se habla de corrupción se debería hablar de corrupción política, pero la política y la Administración van muy unidas y pueden llegar, a veces, a confundirse.


Espero que la Blogocampaña contra la 

Este caballo, que perdió a su pareja por obra y gracia de las obras de la M-30 hace ya unos cuatro años, lleva penando en silencio su soledad y, desde hace unos meses su invisibilidad, en un lugar que no le corresponde.










