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Viejos y solos

Me crucé ayer en la plaza con él: rostro consumido y marchito, cuajado de profundos surcos, barba descuidada y gris,  gafas de concha negra posadas con desgana sobre una nariz demasiado grande para unos rasgos menudos. Su cuerpo se movía con dificultad sobre unas piernas que se adivinaban quebradizas y repletas de huellas de la mala circulación. Calzaba unas zapatillas de cuadros, sin calcetines; sus ojos, tras unas lentes que distorsionaban su mirada, se perdían en algo más allá del paisaje urbano de coches y prisas que nos rodeaba.

Su ropa, gastada como su cuerpo, transmitía soledad y desamparo; por un momento me sentí obligada a acercarme a él y hablarle, cogerle la mano y decirle que yo sí le veía, que yo si sentía su abandono; pero pudo más que yo ese maldito pudor de meterse en la vida de los demás sin que te pidan ayuda de forma tácita y pasé por su lado sin abrir la boca, sin conseguir que sus ojos se cruzaran con los míos para que sintiera mi calor.  Seguí mi camino hacia ninguna parte sin volver la cabeza, sin saber si el anciano encontró su destino.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en España hay cerca de un millón y medio de mayores de 65 años, la mayoría mujeres, que viven solos. Los avances médicos y sociales han posibilitado que la esperanza de vida en nuestro país haya aumentado más del doble en el último siglo, pero ¿nos preguntamos cómo viven nuestros ancianos?. En una sociedad que cada vez es más egoísta, más individualista, más utilitarista, los ancianos son, en muchas ocasiones, un estorbo al que se olvida en una residencia, en otra provincia, en otro barrio, en una realidad paralela e incómoda.

Mi madre tiene ya 80 años y, aunque vive sola, espero que no se sienta nunca sola, porque a ella le debo lo que soy. A los ancianos de hoy les debemos nuestro bienestar, les debemos una sociedad opulenta -a pesar de la crisis-. Si no somos capaces de devolver en forma de cariño, de respeto y de cuidado lo que nos han dado, es que no merecemos su legado, es que hemos perdido por el camino valores tan importantes como la gratitud, la solidaridad o la generosidad. Estaremos construyendo una sociedad deshumanizada, y eso, tal vez, sea más peligroso que el cambio climático para la destrucción de la especie.

Me encanta hacer un blog que no aporta nada

Me ha encantado un “post” que he leído en el blog de Marcelino Madrigal sobre la utilidad que tienen estos espacios personales de comunicación que se denominan bitácoras o blogs. Inicié este blog porque me gusta escribir sin más limitaciones que las que yo me marque. Nunca me propuse ser referente de nada ni de nadie, aunque con el paso del tiempo, algunas de mis entradas -pocas- han tenido un cierto tráfico de visitas y reconozco que me han provocado un cierto subidón del ego. Pero han sido escasos momentos de casi gloria que  se han esfumado a los pocos días, cuando las búsquedas de Google han disminuido hasta desaparecer por completo y devolverme a la cruda realidad de que escribo fundamentalmente para mí, para aclarar mis ideas (lo cual no es tan fácil como parece a simple vista).

Mi blog es como un espejo en el que me miro de vez en cuando para poder saber cómo soy, para ver las arrugas que van surgiendo en mi rostro, o para descubrir las manchas que van sustituyendo a las hasta hace pocos años simpáticas pecas de mi nariz.

Leo en Bitácoras.com las crónicas del EBE’09 y me pregunto si ha sido un evento de reflexión o de autocomplacencia. No obstante, tampoco me preocupa demasiado, no es mi negocio. Sin embargo, me gusta moverme en estas redes porque me permiten conocer otras voces, voces solitarias como la mía, voces interesantes que pululan en medio de gente que se gana la vida con esto (muy dignamente, por cierto), sin más objetivo que dejar constancia de su existencia (aunque sea invisible, aunque no sirva para nada).

¡Sin duda, la vida es mucho más que la red!

El barrio de los buenos deseos

caminando_la_vidaEntre la Avenida de la Felicidad y la Calle de la Generosidad se cruza la calle del Afecto y, cercanas a ellas, están también la calle de la Dulzura, de la Alianza, de la Conciliación, o el Pasaje de la Avenencia.

Este barrio de los buenos deseos, ubicado al sur de Madrid, donde todos los gatos son pardos, me ha despertado un sentimiento de esperanza (cuyo Paseo está en el barrio de Arganzuela), mientras oigo los comentarios al debate de los presupuestos generales del Estado, leo que el Ayuntamiento de El Ejido paga más de 2000 euros por cambiar una baldosa, y que la eterna Maria Antonia Munar (gane quien gane en Baleares) puede tener algún pelo mal colocado por supuestas juergas inmobiliarias.

Las calles de la Conformidad y de la Ciudadanía me hacen pensar que, tal vez, el pirata que es mayor de edad ¿o no? ha sido traído para hacer justicia y no para ser moneda de cambio; que Millet y Montull son dos buenos ciudadanos que se han desviado ligeramente del camino correcto (por lo que no hay que hacer sangre si no es necesario), y que los Albertos son un ejemplo a seguir, porque renunciar a pedir al Estado una indemnización por los “por los daños y perjuicios injustos causados por el anormal funcionamiento de la administración de Justicia” es verdaderamente sorprendente, más cuando ese anormal funcionamiento les ha librado de la cárcel al prescribir los delitos de los que se les acusaban.

En fin, que no sé si ir a darme una vuelta por la calle de la Unanimidad o por la de la Coalición, o mejor por la del Consenso, para ver si conseguimos salir del atolladero que se nos ha planteado con el siempre espinoso tema del aborto; aunque creo que voy a volver a releer primero a mi querido Filósofo Loco y a reflexionar sobre ¿qué es la vida?, porque la vida tiene múltiples acepciones dependiendo de la disciplina desde la que se analice. Me gusta la idea de que la vida es un préstamo que vamos pagando poco a poco (como una hipoteca) en plazos de amor y felicidad. ¡una bella descripción de la vida, a la que yo me apunto, amigo Filósofo!.

Jane Birkin, el caso Gürtel y el patrimonio de los ministros

Tal vez a simple vista no parezcan tener relación, pero hay un nexo que les une: el deseo. A Jane Birkin, el deseo la catapultó a la fama hace 40 años con J’taime…ma non plus, el caso Gürtel surge del deseo de poder de sus protagonistas (tanto de los actores principales como de los narradores de la historia); y la publicación del patrimonio de los miembros de nuestro Gobierno, que tantos chascarrillos está provocando en las tertulias políticas, viene del deseo de parecer honrado.

Puestos a perder el tiempo en “Macguffins“, prefiero perderlo evocando una lejana tarde de septiembre, en la que Jane Birkin y su Je t’aime…ma non plus despertaban mi adolescencia acercándome a una boca húmeda y caliente, cuando todavía no sabía el significado de “ma non plus”, cuando todavía se bailaba lento.

Pornografía infantil NO

Pornografia+infantil+NOEspero que la Blogocampaña contra la pornografía infantil sea todo un éxito,  una iniciativa que lanzan desde La Huella Digital y a la que me uno.  Hace unos meses escribía en este blog una entrada sobre el tema; tal vez sea una utopía, pero si todos los que utilizamos internet como medio de comunicación, contribuimos con nuestro granito de arena a hacer desaparecer a estos indeseables de nuestro espacio, habremos dado un gran paso para su aislamiento.

Internet es un canal con muchas posibilidades para estos desalmados, nos da más miedo porque puede alcanzar a nuestros hijos; pero no hay que olvidar que los países del tercer mundo cuentan con numerosas redes de prostitucion infantil alimentadas por el hambre y la pobreza, por la insolidaridad y la indiferencia de nuestro primer mundo tan solidario (sobre todo cuando le afecta a su propio bolsillo o a su propia seguridad).

Para cuando estoy tontorrona (ne me quitte pas)

Una de las más bellas canciones de amor de la historia de la música (por lo menos para mí). Escucha y disfruta.

Cuando desaparecen las sábanas de muñecos

Creo que te das cuenta de que tu hijo se ha hecho mayor cuando desaparecen de su cama las sábanas de muñecos, o de osos, o de coches… La verdad es que no sé si alguna vez dejas de pensar en tus hijos como bebés indefensos que te necesitan. Mi madre todavía me sigue regañando por algunas cosas que hago, y supongo que lo seguirá haciendo siempre.

Hay una parte de pérdida en ese crecimiento natural de los retoños de uno, porque es una constatación de que tu juventud queda atrás, de que ya eres “señora” o “señor” y de que empiezas a hacer el ridículo cuando te pones una minifalda demasiado atrevida o una camiseta para marcar músculo de gimnasio.

Dicen que cada cosa tiene su edad, pero a veces no te das cuenta de que llegas a esa edad en la que ya eres mayor, en la que se supone que no debes hacer locuras, en la que se supone que las ansias de soñar y lograr metas inalcanzables ya ha pasado.

Tus hijos crecen y tú creces con ellos, te salen arrugas en el rostro y en el alma, te duelen los huesos y saber que la primera vez queda ya muy atrás. Pero alcanzas la sabiduría de disfrutar de los pequeños momentos, de esos que son siempre únicos. Dejar atrás la juventud no es perder, es ganar muchos buenos recuerdos, es tener todavía muchos sueños por cumplir, es desear sin la ambición de ser deseado.

polluelosY mientras ellos, tus niños, cada vez te necesitan menos, y te sorprende que tengan su propia percepción de la realidad, y te enternece que todavía deseen tus caricias para sentirse protegidos, aunque les dejes volar entre sábanas que ya no tienen muñecos. En el fondo, sabes que siempre volverán al nido porque seguirán necesitando tus caricias.

Quiero que me cuentes un cuento

Estoy harta de tanta fealdad. Necesito soñar, creer en los finales felices, aunque sólo sea de cuando en cuando, para poder seguir manteniendo el rumbo de este barco tan frágil.

Ayer escribí:

Sangra mi lengua
entre dardos calientes
de ira y miedo.

Quisiera expresar sentimientos más positivos, pero la realidad que me rodea no invita a grandes esperanzas, o tal vez sea yo la que esté desesperanzada. En fin, que hoy me he levantado con ganas de encontrar un cuento con final feliz. Aquí os dejo uno con unas bellas imágenes: “L’Our”.

Muere Vicente Ferrer, un hombre bueno

Vicente_Ferrer

Hoy ha muerto Vicente Ferrer en su casa de Anantapur (India) a los 89 años. Este español universal que nació en Barcelona,  llegó como misionero jesuita en 1952 a la India, de donde fue expulsado en 1968 por las suspicacias que despertó su labor entre las autoridades indias. En un reportaje de Informe Semanal, emitido en 2006, se cuenta la historia de este hombre que cambió, con su empuje y su esfuerzo, la vida de millones de personas sin esperanza.

A través de la Fundación Vicente Ferrer, más de 2.500.000 de personas en la India se benefician de sus programas, enfocados a erradicar la pobreza. Esta labor, que continuará su familia, será un valioso legado que no morirá nunca.  Un hombre bueno ha muerto, pero nos queda su maravillosa obra: la fe en el ser humano y en su futuro.

¡Socorro! soy una egoísta satisfecha

Hoy quiero utilizar este blog como si fuera una reunión de alcohólicos anónimos de esas que salen en las películas, para declararme públicamente una egoísta satisfecha y así poder iniciar mi recuperación.

Al ver a tantos abuelos trabajando de niñeros, me doy cuenta que pertenezco a una generación de egoístas satisfechos. A mis hijos los han criado sus dos abuelas, porque así mi pareja y yo podíamos realizarnos profesionalmente y ellas se entretenían (o eso quería pensar yo para no sentirme culpable).

Pero en un momento dado, un click saltó dentro de mi cabeza porque las abuelas cada vez eran más mayores y tenían más ganas de dedicarse a ellas mismas y menos de criar a mis hijos. ¿Qué pasaría cuando ellas no pudieran cuidarse a sí mismas?, porque todos vivimos demasiado ocupados para permitirnos tener tiempo para ellas.

¿Qué quería yo? Quería mantenerme viva intelectual y profesionalmente, pero también quería transmitir a mis hijos una educación en valores (eso de lo que tanto se habla y que nadie sabe muy bien por donde coger) y quería que las abuelas tuvieran un ritmo de vida más acorde con sus años. Tal vez tomé una decisión equivocada, pero dejé un trabajo absorbente para poder sentirme bien conmigo misma. No me arrepiento, he recuperado un tiempo que no tenía para mí, un tiempo que no tenía  para mis hijos, he dejado a las abuelas que vean a sus nietos cuando quieran sin tener la obligación de cuidarlos, de educarlos; pero ahora me pregunto ¿seré capaz alguna vez de encontrar esa conciliación de la que tanto se habla sin perder algo fundamental en el camino?

Sí, soy una egoísta satisfecha, pero algo dentro de mí me empuja a luchar todos los días contra ese sentimiento de mirarme el ombligo. Tengo “Miedo a perderme”, como los chicos de Blokeo, una joven banda que trata de abrirse camino en la jungla de la música. ¡Va por ti, Miguelón!

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