Las verdades absolutas

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Shot in Como, Italy. De Saltatempo en CC

La verdad, tiene muchas acepciones, según recoge la RAE. Cuando transmitimos una opinión, nos referimos a verdades relativas, pero las comunicamos como absolutas. Parece que en los últimos años el relativismo (doctrina según la cual el conocimiento humano solo tiene por objeto relaciones, sin llegar nunca al de lo absoluto) no está de moda, porque a mi alrededor sólo escucho verdades absolutas. Tal vez sea una consecuencia del exceso de información, de la inmediatez con que ésta nos llega, de la facilidad para difundirla. Cada vez más, en los medios de comunicación de masas, en los medios digitales o en el tradicional “boca a boca” (o boca a oreja, que sería más correcto) se transmiten opiniones, conjeturas, especulaciones como si fueran informaciones contrastadas, destacándose lo anecdótico sobre lo fundamental.

Como era previsible, comienzan las voces que relacionan la victoria del PSOE con el asesinato de Isaías Carrasco dos días antes de las elecciones. Otra vez los rumores, las difamaciones y los insultos gratuitos. El enemigo no es el contrincante político, ni el PP para el PSOE ni el PSOE para el PP; el enemigo es una banda de asesinos que mata a la gente que defiende la democracia, los valores constitucionales y el Estado de Derecho que hemos conseguido entre todos: rojos y azules, blancos y negros, rubios y morenos, mujeres y hombres…

Me ha parecido muy interesante el ejercicio que ha hecho un internauta llamado coder el el blog Atrapado por tu moda, en el que presenta un cuadro que recoge el número de víctimas del terrorismo antes de unas elecciones, desde los Gobiernos de la UCD. Moraleja: poco antes de unas elecciones los cerebros planos de los terroristas han querido dejar constancia de su desprecio por la vida (la de los demás, claro) para dar a conocer un poder que no tienen.

Creo en este Estado imperfecto, en el que puedo alzar mi voz, aunque no llegue a nadie. Sólo pido a los que se declaran demócratas –del signo que sea- que acepten los resultados electorales. Aceptar la derrota con dignidad y la victoria con humildad es imprescindible para poder comenzar una nueva etapa. Ésta, por lo menos, es mi verdad.

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