La huida

Tenía las manos llenas de ilusión. Sus ojos estaban vivos,chispeantes; todos los minutos eran diferentes. Corría así, casi desbocándose, creía y confiaba en sus suerte.

Mostraba su sonrisa – labios abiertos, carnosos- impúdicamente. Su mano sólo soñaba con tocar una estrella, cada día intentaba volar un poco más alto, siempre hacia arriba, hacia el cielo. Pretendía ser la reina del Arco Iris, de las hadas, la guardiana del mejor de los universos.

Su existencia era un paseo de dulces aromas, de besos claros, de amores y desamores, de llantos, pero nunca, nunca de vacíos. Más un día, en un instante maldito cayó, como todos, de esa emoción de sentirse viva. Se hundió -como tantos- en el fango de la rutina. Y se sintió sucia, cruel, vencida.

Intentó volver a ser su recuerdo, más no pudo, no la dejaron; su encierro no fue nunca respetado. Su sonrisa se transformó en mueca, sus ojos se tornaron opacos y sus manos ya no sostenían los efímeros sueños.

La cárcel a la que voluntariamente se había retirado era asaltada continuamente por extraños, cuerpos de los que manaban palabras envenenadas de una falsa comprensión y un acartonado afecto.

Y decidió escapar definitivamente. La encontraron abrazada a su muñeca preferida; y así, con una sonrisa en los labios -que no mueca- desertó de la mentira en su cuerpo. Un poco de forma cobarde quizás, regresó de nuevo a su mundo añorado.

Y triunfó en su desesperado gesto. Algunos maldijeron éste su último viaje, la acompañaron en un dolor que ella ya no abrigaba; otros, los más, olvidaron pronto su muda y estéril protesta. Pero para todos, hoy, ella existe únicamente como un recuerdo, y de ahí su victoria, su yo se ha dispersado en multitud de mentes, en diferentes espacios y tiempos.

El cielo se ha ido tiñendo lentamente de ira; su rostro -el de ella- se refleja en los tonos granas y violetas. Su energía, la que se desprendía de ella, de su sonrisa, de sus ojos chispeantes, es absorbida por la tierra y la lluvia -lágrimas vertidas por la naturaleza muerta- apaga la cólera de una tarde cualquiera -en la que ya no está ella-.

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2 pensamientos en “La huida

  1. Elfoquemira dice:

    Desvanecerse, fundirse, derretirse. El ser absorbidos nos retrae a lo platónico.

  2. JuliaR dice:

    Que triste dejarse atrapar por la rutina, y perder las ilusiones, los sueños. Me ha sucedido pero pude recuperarme.

    Un gusto visitarte, desde el blog de Javier Saez, saludos.

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