Una venta fallida

pisos coloreados Aunque parezca imposible, vender un piso puede convertirse en una aventura peligrosa si caes en manos de piratas que tienen licencia para realizar labores de intermediación entre vendedor y comprador. Evidentemente hay muchas empresas serias que sí cumplen con su función sin intentar timar a quien acude a ellos en busca de ayuda. Pero me gustaría ilustrar con un ejemplo real la indefensión de una persona ante la mala fe de ciertas empresas.

Una persona acudió recientemente a una agencia de intermediación -franquicia de una empresa muy conocida de este sector- para vender un piso. Le avisaron de que tenían un comprador interesado en adquirir la vivienda en cuestión.

El vendedor del piso ni es experto en el tema, ni tiene un gran patrimonio -sólo este piso-, por lo que confía en la labor de la agencia a la hora de realizar los trámites para la venta. El comprador pone como condición que la operación se realice en un plazo de tiempo determinado, lo cual se especifica en el acuerdo que firman ambas partes. La agencia asegura al vendedor que no hay problema con los plazos acordados y se cierra el acuerdo.

El comprador paga una parte del precio del piso en concepto de señal y el vendedor abona a la agencia el porcentaje acordado de la misma. Parece que todo está normal, pero no; resulta que los trámites para la venta superan la fecha acordada con el comprador por problemas burocráticos que está tramitando la agencia. El comprador demanda al vendedor por no haber cumplido los plazos acordados por lo que solicita que le abone el doble del dinero pagado en concepto de señal del piso. La agencia se lava las manos en el tema y alega que no es su problema; eso sí “Santa Rita, Rita lo que se da no se quita” y su porcentaje es suyo aunque se haya anulado la venta por una mala gestión de la agencia.

Tras varios juicios y mucha suerte, el vendedor no ha tenido que abonar al comprador más que el dinero que éste le dio en concepto de señal, perdiendo la parte que se llevó la agencia por realizar una mala (o mejor dicho, pésima) labor. Lo más triste es que, tras llevar el caso a Consumo le han contestado que la agencia tiene derecho a quedarse con un dinero que se ha llevado por no cumplir con su trabajo y su abogado le ha recomendado no ir contra ellos a juicio porque lo perdería. Aunque desde un punto de vista ético tenga razón, desde un punto de vista jurídico si no tienes abogados y dinero para poder hacer frente a los recursos, olvídate, estás perdido.

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