Morir para renacer

La naturaleza nos enseña siempre que la muerte trae consigo la vida en un ciclo perpetuo, perfecto. Tras el invierno en el que todo permanece oculto, marchito, apagado; vuelve siempre la primavera en la que brotan miles de tonalidades, emergen olores frescos, en la que savia tierna invade el aire. Y esta nueva primavera nos trae la noticia de la muerte de un hombre, no un hombre cualquiera. Leopoldo Calvo Sotelo pasó por nuestra política como uno de los artífices de la democracia de la que hoy disfrutamos todos. Fue un presidente de Gobierno que no habló, no vivió de lo que un día fue, que no cargó contra los que le denostaron, que no trató de seguir más allá de lo que las urnas le dejaron.

Ahora que ha muerto ha vuelto a renacer, como esta primavera. Ahora que ya no puede oírlo ni verlo, los representantes de todos los partidos, los representantes de todos los españoles le rinden homenaje. Descanse en paz un presidente, casi por accidente, que pasó su momento con más pena que gloria, pero al que ahora, con los ojos del pasado, le rinde pleitesía la historia.

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