Memoria de un país timorato

Érase una vez un país encogido por el miedo y el látigo de un visionario, convencido de su misión de salvador de un pueblo descreído, descentrado, analfabeto y resentido. Durante cuarenta años puso su bota de hierro sobre las conciencias y los pensamientos, sin permitir a nadie salirse de la fila. La muerte, el dolor y el hambre hicieron causa común y se alojaron en todas las casas para evitar cualquier conato de rebelión.

Poco a poco se fueron abriendo puertas, permitiendo a los habitantes invisibles entrever un sol que se fue haciendo más y más perceptible a medida que pasaban los años. El anciano de voz aflautada ya no daba tanto miedo, aunque seguía usando la bota que aplastaba todo a su paso.

Cuando el anciano murió, recibió un multitudinario adiós por parte del pueblo al que había mantenido amordazado durante casi cuatro décadas, y las calles se vistieron de colores para festejar el fin del luto impuesto, y las gentes se abrazaron sin miedo, y todos hablaron todas las lenguas, y todos se dieron las manos para remover una tierra hasta entonces árida y seca, para convertirla en una tierra fértil y generosa.

Pero aparecieron topos que intentaron destruir el trabajo de tantas manos, y dejaron agujeros oscuros y profundos en los surcos abiertos por esas gentes que se concentraron en mirar hacia el futuro. Los agujeros fueron creciendo, mientras los habitantes, borrachos de fe en la nueva tierra, se olvidaron de taparlos.

Al cabo del tiempo los agujeros fueron tragándose la tierra fértil. Cuando el pánico empezó a cundir en la población ya era demasiado tarde, los topos habían ganado demasiado terreno y la tierra fértil era ya solo una isla en la que vivían apiñadas millones de voces sensatas, a las que no se oía porque hablaban demasiado bajo, o ni siquiera hablaban porque se encontraban demasiado desorientadas.

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5 pensamientos en “Memoria de un país timorato

  1. desira dice:

    Una historia triste, ciudadano Morante, pero es como la siento.
    Gracias por tu visita.
    Desira.

  2. desira dice:

    Gracias por tu interés Filósofo, pero creo que en Menéame interesan más otros temas. Me alegro de que te haya gustado y espero seguir viéndote por aquí.
    Bsos. Desira

  3. Esta muy bien hecha la historia.

    Saludos desde PTB,

    Jorge Juan

  4. […] Memoria de un país timorato […]

  5. Un post realmente muy interesante, con un tono de sensatez, como de costumbre en tí. Me ha gustado muchísimo, lo envío a Menéame para que lo lea la mayor gente posible.

    Un abrazo desira

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