¡Pobre opositor!

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Rafael Gómez Montoya

Eran las 5 de la tarde, hora taurina en la que los toros se encaminan inevitablemente hacia una muerte cierta, cuando el opositor, entre miles de almas congregadas bajo un sol cegador, esperaba oir su nombre para entrar a descargar los inútiles y vastos conocimientos adquiridos sobre una hoja de papel. La letanía de apellido, nombre, apellido, nombre, apellido, nombre…iba meciéndole, al tiempo que su mano sujetaba su DNI como si en ese trozo de plástico estuviera la respuesta a sus desvelos.

La voz anónima que guiaba el rebaño de opositores cantó su nombre y, como si le fueran a cerrar la puerta, partió raudo hacia la entrada de la nave, preparada para acoger al rebaño que se iba a examinar. Sólo consiguió dar dos pasos, porque la muralla humana que se interponía entre la puerta y él le impidió seguir avanzando en el camino. “Me han llamado”, dijo a la persona que tenía delante. Ésta, con cara de pensar “pobre infeliz”, le contestó que él y los cientos de personas que había alrededor también habían sido nombrados.

El sol seguía acobardando los axfisiados y tensos músculos del opositor, la voz anónima y monótona seguía escupiendo nombres de gente a la que no conocía, con la que se sentía ligada por un lazo de  invisible fraternidad. Sí, eran competidores en esa lucha cruel que es toda oposición para poder llegar a ocupar un puesto de trabajo en este Estado nuestro tan enfermo y vilipendiado por unos y por otros; pero les apreciaba más como compañeros en una tarea ardua, que como rivales.

Después de una hora de espera, por fín pudo traspasar el umbral de una nave inmensa, sin fin; cuajada de mesas  y sillas de tijera, de madera descolorida, cojas, desastradas,viejas, a un paso del desguace; eran islas en las que que habitaban almas expectantes. Tras identificarse y recoger las instrucciones, lo condujeron a su puesto, una de esas mesas de desguace en esa nave fría, mucho más fría después de haber permanecido mas de una hora en una sauna natural y gratuita. Luego, la espera otra vez. De dos en dos, de uno en uno, iban pasando los corderos por la puerta en busca del trabajo perdido, de la oportunidad no encontrada, de la suerte del jugador, de la recompensa al esfuerzo realizado.

La puerta se cerró tras otra media hora de espera, y una voz anónima, distinta de la que cantaba los nombres, comenzó a dar las indicaciones para dar comienzo al examen. El opositor respiró hondo, ahora venían a su mente todas las dudas, todos los miedos, todas las lagunas de un temario imposible de acoger en un cerebro ya desentrenado en esto de la memorística. El eficiente y diligente personal distribuido por el pabellón comenzó a distribuir el cuestionario con las preguntas. “La suerte está echada”, pensó al dar la vuelta al cuadernillo.

Cuatro horas después de un examen de noventa minutos, abría la puerta de su casa. Se quitó los zapatos, se refrescó la cara y se sentó en el sofá del salón. Todo había acabado, no tenía muchas expectativas en esta ocasión; pero no se rendiría, ésta era una carrera de fondo.

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4 pensamientos en “¡Pobre opositor!

  1. […] ¡Pobre opositor! (Reflexión) loinvisible.wordpress.com/2010/05/27/%C2%A1pobre-opositor/  por Lestercillo hace 2 segundos […]

  2. desira dice:

    Gracias por el comentario. Saludos.

  3. anrafera dice:

    Interesante y bien hilbanada entrada. Saludos PTB

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