La noche en que el mundo fue de España

Incluso el Empire State se rindió a los colores de España. No soy “futbolera”, pero ayer me emocioné con este equipo que jugó mejor que el contrario, que demostró que los grupos, cuando creen en lo que les une, funcionan mejor que las estrellas fugaces y solitarias; que los sueños también se pueden cumplir cuando trabajas duro para conseguirlos, que se puede llorar de felicidad. Esta histórica victoria futbolística no nos va a resolver la crisis, ni los contratiempos de todos los días, pero como las alegrías vienen con cuentagotas, hay que saber disfrutarlas cuando las tienes delante. Que quede el beso de Casillas a Sara Carbonero como el final feliz de este cuento, en el que, al menos por unas horas, todas las banderas de nuestra piel de toro se unieron en los colores de una bandera común.

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