Deseo sin forma

imagen de Altamar

La calle respiraba fuego
y húmedos  cuerpos
la noche en que mis pasos
temblaron ante tu puerta.

La luna y Manhattan
nos acunaban  junto al mar,
con el murmullo de las sombras,
permitiendo confidencias.

Tú no te rendías,
pero mis artes malignas
y la manzana del pecado
surtieron finalmente su efecto.
Y caíste, como Adán,
ante su dulce veneno.

Cuando el día despuntaba
sucumbiste ante la culpa,
arrepentido por quebrantar
los eternos mandamientos.
Y huiste, sin mirarme,
a tu atalaya de cristal,
para olvidar este encuentro.

Más yo, Eva sin principios,
serpiente urdidora
de mágicos ungüentos,
luché contra tus soldados
del miedo. Y vencí
-sólo a medias-
al maldito Lancelot
que llevas dentro.

Hoy, siglos después
de tan extraño encuentro,
te reconozco diablo,
dios absoluto,
caballero andante
y deseo sin forma.

Hoy, cuando tu pecado
ya ha sido perdonado,
mi cuerpo siente de nuevo
que la calle respira fuego.

Ver otros vanos intentos de versos

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