Los ojos del hambre

Fotografía de Simón Maina

Parece que estamos inmunizados contra el dolor de los demás.  Mientras no nos afecte a nuestro nivel de vida, nos vale con hacer un donativo que apenas nos cueste esfuerzo y que nos permita lavar nuestras conciencias. Nos llevamos las manos a la cabeza por la crisis financiera que está arrasando Europa como un caballo desbocado, pero seguimos disfrutando de una comida diaria, de una educación mejor o peor, de una sanidad, de una seguridad de que podremos seguir viviendo mañana, incluso con las sobras de otros.

Ellos no tienen para comer porque los precios de los alimentos están fuera de su alcance. Según datos de la ONU, 750.000 somalíes pueden morirse de inanición en los próximos cuatro meses si no se hacen mayores esfuerzos para paliar esta situación.

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