La maldición de Eva: el nido vacío

Imagen de JulioMunizPadilla

La maldición de Eva no ha sido parir hijos, sino dejarlos marchar. Dolor, soledad y tristeza se entremezclan en los numerosos comentarios que he recibido en El síndrome del nido vacío, una entrada que escribí hace casi cuatro años, al darme cuenta de que mi hijo ya no era mi niño. Siento una enorme impotencia por no poder ofrecer remedio a la melancolía que expresan las personas que envían sus sentimientos envueltos en palabras -mujeres fundamentalmente-.

Todavía me quedan unos años para enfrentarme a mi nido vacío, pero espero ser capaz de procesar ese cambio de una forma positiva. En estos casos, mi madre siempre es mi guía, porque de ella he aprendido que la vida ofrece siempre caminos alternativos a los que se cierran, y que siempre hay caminos nuevos por descubrir. Su mano me sigue guiando, como cuando era niña, por eso sé que mis hijos, por muy lejos que vayan, tendrán mi mano a su alcance para tomarla siempre que lo necesiten.

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Un pensamiento en “La maldición de Eva: el nido vacío

  1. nora nelly garcia dice:

    ES DIFÍCIL ES ACEPTAR QUE LOS HIJOS SE VAYAN MAS AUN CUANDO TIENEN PROBLEMAS CON LA PAREJA QUE ELIGIERON
    Y NO LOS APOYAN

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