Celebra tus bodas de oro con la vida

Este es un cuento inacabado, que tiene su principio un día de junio de 1962, en la ciudad de Ginebra, nombre mítico de reina de un país de ensueño, donde los caballeros y las damas buscaban la verdad y el amor. En este lugar, el azul de un lago y el verde de su tierra arroparon los primeros juegos con la vida de una niña feliz, de sonrisa abierta y franca. Sus padres la enseñaron a ser valiente y a enfrentarse con las aguas heladas del lago tranquilo; la decían con cada abrazo y cada beso que ella era una persona especial y única; la hacían sentirse segura y a salvo de los monstruos y la oscuridad.

Un día, llegó a casa un bebé, al que ella acunó como a otro más de sus muñecos, y al que recibió con la alegría que desbordaba siempre de sus ojos azules. Cuando había aprendido a conocer las ardillas del parque, dejó Ginebra con su familia en busca de una nueva oportunidad en París. La Ciudad de la Luz la recibió en una humilde casa en la que continuó aprendiendo a descubrir la vida a través de un hogar cálido y en el que se sentía protegida.

Cuando cumplió siete años, sus padres regresaron al país donde habían nacido, y ella se enfrentó a un idioma que no entendía, salvo cuando lo oía de boca de sus padres. Poco a poco, ese idioma se fue haciendo familiar y llegó a olvidar la otra lengua en la que había empezado a aprender las palabras.

Creció abierta a la vida, aprehendiéndola sin reservas tanto en la amistad, como en el amor. Se convirtió en una joven decidida, optimista y soñadora, para la que el futuro era una puerta siempre abierta a la felicidad. Se topó con su caballero andante en un edificio gris, entre manuales para aprendices de periodistas e idealistas visiones de una profesión que, tarde o temprano, siempre acaba decepcionando un poco.

Pasaron los años y la niña de coletas saltarinas se convirtió en madre. Primero, un príncipe de ojos de un azul tan profundo como el mar; y años después una princesa de rizos dulces, dorados y traviesos. Y los niños, ruidosos, de ojos azules, de carácter fuerte, de caras de ángel, también crecieron.

Y así, entre algodones y finas sedas, la vida fue desvelándole que todos caminamos rehaciéndonos a cada paso con trozos de sueños rotos, con retales de ideales descosidos y vueltos a unir, con recuerdos que van adhiriéndose a ese traje que es la piel, como marcas que escuecen de cuando en cuando. Y, aunque alguna vez, en ese trayecto, se hayan descosido demasiado las costuras y el frío penetre en el alma, quitándole la esperanza de sentirse de nuevo recién estrenada, confiada, esperanzada; mira a tu alrededor, recoge del suelo tus trozos de sueños rotos y pégalos con cariño, construyendo un nuevo sueño con tus lágrimas, sonríe y sigue caminando.

Celebra tus bodas de oro con la vida, la ocasión lo merece. Mira hacia atrás con cariño, pero sin nostalgia. La valiente niña que se bañaba en el lago helado sigue en ti, y sé que seguirá nadando con la fuerza y la decisión que le marque la corriente de la vida. ¡Felicidades!

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3 pensamientos en “Celebra tus bodas de oro con la vida

  1. desira dice:

    Gracias Pepa por pasarte por mi rincón. La felicitaré en tu nombre. Un besote gordo.

    Aterciopelada, me alegro que hayas superado ese pasado tan oscuro que cuentas. Perdonar a los que te han hecho daño es un paso importante para aprender a olvidar aquello que no merece la pena que forme parte de ti.
    Un beso fuerte.

  2. Felicidades!!!!
    Yo sin embargo era una niña de ojos grandes, pero con mirada de miedo, temerosa, callada, insegura. Con unos padres que maltrataban fisica y psiquicamente. Tuve que huir a una edad temprana de esa casa.
    He vivido muchos años sola, pero el tiempo no me cicatrizó las heridas.
    Y cuando volví a vivir por cosas de la vida con ellos de nuevo, todo volvió, me volví inxluso loca, y ellos me metieron en un psiquiatrico, pasé las navidades allí enterrada y sola con miles de recuerdos que no existían ya para ellos.
    No les permití la entrada ningún día, pero decidí perdonar todo al fin, ellos no eran conciente del daño que me habían hecho, así que lo mejor era olvidar y perdonar.
    Tuve la suerte de que me pidieron perdón y arrepentimiento por todo lo vivido y recuerdo que mi madre me abrazó un montón.
    Y es ahora con 29 años cuando estoy viviendo la infancia que no tuve.

    Besos fuertes!!!

  3. Pepa dice:

    Felicidades a la persona encantadora que cumple años y a ti por el comentario tan bonito que has hecho. Con estas palabras que la dedicas no creo que la de pereza cumplir, a mi no me daría ninguna. Un besazo,

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