La bodega del olvido

Fotografía de Arguez

La Bodega del señor Juan estaba al principio de la calle, una de las callejuelas estrechas y oscuras que circundan la Ribera de Curtidores, eje del Rastro madrileño. Era un local oscuro, húmedo y pequeño que olía a vinagre y a vino a granel. Acogía en su lóbrego vientre hombres de hombros cargados y miradas acuosas, perdidas en fantasmas interiores, que sobrellevaban la derrota de la vida entre trago y trago de un chato de vino, que olvidaban sus miserias y sus miedos, que acallaban su fracaso adormeciendo su conciencia con ese caldo peleón que iban ingiriendo hasta que el señor Juan, con cariño y determinación, les mandaba a casa a dormir la mona.

Cuando iba a por gaseosa, vino a granel o a devolver los cascos de las botellas, me sobrecogía el ambiente de derrota que se respiraba en el local. Su dueño, taciturno y de pocas palabras, de pelo cano y rostro arrugado, se limpiaba frecuentemente las manos en un delantal de rayas verdes y negras, detrás de un mostrador de brillante metal y por el que corría el agua, igual que corría el alcohol por las venas de los parroquianos.

La bodega del señor Juan desapareció junto con la lechería de la señora Juanita, que vivía en la parte de atrás de la tienda, la panadería de la esquina de la calle y la tienda de ultramarinos. Hoy, mi calle apenas tiene más que oscuros portales de corralas, algún bar que sobrevive como puede y un batiburrillo de gentes de diversas nacionalidades que convive con los pocos vecinos de siempre que continúan anidando allí.

Me han venido a la memoria las tiendas de mi infancia, de mi calle, gracias al programa de Carlos Herrera, “Herrera en la onda”, con el que que no comparto la visión de la realidad, pero al que escucho asiduamente porque, además de considerarle un gran profesional, creo que es sano para la mente conocer las verdades de los demás y no solo las tuyas.

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3 pensamientos en “La bodega del olvido

  1. desira dice:

    Gracias, Marisa por tu cariñoso comentario. Un besote fuerte.
    Diego, claro que me acuerdo del olor de la tahona, ¡como se puede olvidar! Y seguro que íbamos a la misma bodega, es lo que tiene ser vecinos de barrio. Muchos besos.

  2. Diego Doblas dice:

    Qué casualidad, hace un par de días comentaba con mis hijos como mis hermanos y yo (siendo unos cominos) íbamos a esa misma bodega a comprar el vino.
    Tu descripción es tan bella como atinada.
    ¿Y lo bien que olía la tahona de la esquina???? ja,ja,….
    Besosssss

  3. Marisa dice:

    Precioso Merce… como todo lo que escribes!
    un besote!!!!

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