El espíritu santo ni está, ni se le espera

espíritu santo

Imagen de Iglesia en Valladolid

Con tanto purpurado revoloteando alrededor del sillón de Pedro, el espíritu santo debe estar demasiado ocupado intentando iluminar a los príncipes de la iglesia, como para preocuparse de este solar patrio, que un día fue estado confesional.

En estas “cosas de hombres”  (y de mujeres, -añado yo-) el Altísimo parece mirar para otro lado, mientras crece el número de pobres en España, no hay brotes ni verdes ni amarillos, solo negros; nos italianizamos con partidos políticos que sirven para tenernos entretenidos, pero que representar, lo que se dice representar, representan solo a unos pocos fieles y a unos cuantos amigos, a los que les hacen favores para que les correspondan convenientemente; y se nos deshace la jefatura del Estado en gacetillas por entregas a cuenta de bribones y meretrices de alta cuna, eso sí, a todo color y en papel couché.

Por eso, aquí y ahora, el espíritu santo, ni está, ni se le espera.

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