Un amor para ser contado

La Alargada Sombra del Amor / The Long Shadow of Love

Imagen de Percy Duran

En un mundo convulso, en el que todo dura lo que tarda en olvidarse un tweet, hay historias de amor que perviven a través del tiempo, que llegan a cumplir sus bodas de oro.
Ellos estaban destinados a estar juntos, porque lograron superar todas las dificultades que se les ponían por delante.
Se conocieron en el barrio siendo unos críos. Eran los finales de los 50 y en España no había mucho futuro para un muchacho inquieto y de ideas poco afectas al régimen franquista. Vio la oportunidad y marchó a París porque los militares le daban urticaria y no pensaba hacer la mili (es el insumiso más antiguo que conozco). De hecho no volvió a España hasta que dejó de ser considerado prófugo.
Sin embargo, no olvidó a la chiquilla de ojos verdes que dejó en el Puente de Vallecas, así que le pidió que se fuera con él.
En el año 63, una muchacha de 18 años era menor de edad. No podía irse con él, a menos que pasase previamente por la vicaría. Así que decidieron casarse por poderes: él, en París, firmó su cambio de estado civil tomándose un vino sin consagrar con un cura; y ella, ella vivió uno de esos días que merecen no ser recordados. Se casó a primera hora de la mañana en la iglesia del barrio. Iba de blanco, estaba preciosa, pero el hombre que la acompañó al altar no fue su amor, sino su padre; lo cual le provocó ciertas dudas sobre si eso que estaba haciendo era decente. Mientras ella se debatía entre la repulsa y la angustia, los padres de una y otro, recriminaban al cura porque tenían mucha prisa: debían llevar a la niña al aeropuerto para que cogiera el avión hacia París. Él la esperaría para recogerla cuando llegara a la Ciudad de la Luz.
Consiguió llegar a tiempo al avión, valiente y decidida como solo puede serlo una mujer de 18 años enamorada, se sentó pensando en un vuelo hacia el paraíso.
Llegó a París sin saber hablar una palabra de francés, esperando encontrar a su amor esperándola. Pero los duendes del destino tenían ganas de divertirse ese día, y mientras él esperaba en un aeropuerto, ella aterrizaba en otro.
Menos mal que existen ángeles con forma humana, en este caso con forma de azafata, que vio a la pobre muchacha sentada durante horas en una sala de espera. Logró poner a los ya marido y mujer en contacto de nuevo y, después de tantos desencuentros, por fin se encontraron y ya nunca más se separaron.

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4 pensamientos en “Un amor para ser contado

  1. desira dice:

    Gracias por tu comentario. Para mí ha sido un placer contarla, porque compartir bellos sentimientos es mucho más gratificante.
    Saludos.

  2. alfmega dice:

    Bonita historia Desira y muy bien contada a mi parecer…del amor por encima de los riesgos y la incertidumbre….gracias

  3. desira dice:

    Sí, el suyo es un amor para toda la vida, sin duda. No sé si por la época, si por sus circunstancias, o si porque algunas veces uno encuentra ese amor que no se acaba nunca. Gracias por el comentario y un fuerte abrazo.

  4. Rosa dice:

    ¡Qué bella historia! Eso sí es amor… Los jóvenes en esa época tenían muchas trabas… Pero desarrollaban mayor coraje. Un saludo afectuoso.

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