Un día cualquiera

El aire fresco de la mañana se cuela en mi conciencia. Los ruidos habituales se mezclan con la pereza de mis ojos, que se niegan a abrirse a un nuevo día. El otoño, que se presenta como una diminuta semilla, me abraza para recordarme que los huesos duelen cuando la vida te va pesando en la espalda.

El rostro que se refleja en el espejo me devuelve una piel que ya ha sido usada, con pliegues profundos. La radio me devuelve a una realidad que va más allá de mi ombligo, de unos egoístas hábitos que me aíslan, tras los delgados muros de mi propia historia. No persigo nada, los sueños han abandonado mi lecho y me cuesta respirar, pero enciendo el primer cigarro del día.

Las ondas me devuelven retazos de noticias que mañana servirán, unas para confeccionar almanaques de efemérides y otras para ser olvidadas sin que recordemos siquiera el nombre de los protagonistas.

A pesar de esta melancolía, fruto del presentimiento de este otoño que aun no ha nacido ni en el sol, ni en el cielo, todavía limpio de nubes preñadas de agua, una sonrisa se abre paso entre las desvaídas y grises luces de la rutina.

Espero que pronto me rescate Mr. Tambourine

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Un pensamiento en “Un día cualquiera

  1. Pucho húmedo dice:

    Me encantó!

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