El cuaderno de tapas marrones

La sangre sobre la nieve es más roja, pensó mientras los arbustos helados y cortantes, como afilados cristales, le iban marcando la piel sin que él se desviase ni un milímetro de su objetivo: encontrar las pruebas de un crimen cometido hacía más de 50 años.

Desde que se topó por casualidad con aquel cuaderno de tapas marrones que desprendía un polvillo fino y persistente, se obsesionó por resolver el misterio que escondía. Su sorpresa fue mayúscula cuando abrió la primera página y surgió la letra redonda y grande de su madre:

“21 de febrero de 1935

Uno no puede dejar nunca atrás su pasado como si empezara un nuevo libro, porque lo único que hace es añadir páginas a un texto que ya ha comenzado a escribirse y cuyas primeras frases influyen, irremediablemente, en el capítulo final e incluso en el epílogo. Hoy he matado y enterrado a Hugo”.

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