No temo las palabras

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“La riña” de Goya

No temo las palabras,
Temo las voces airadas.
A los que sólo se escuchan a sí mismos,
A los profetas que las manipulan
Y a los que las enarbolan como mordaza.

No temo las palabras,
Temo su impúdica adulteración.
A los que se erigen en guardianes
De atávicas falacias y empuñan,
Como dagas ponzoñosas y sangrantes,
Palabras que se han conquistado
A golpe de dolor y de coraje.

No temo las palabras,
Temo la ciega intransigencia.
A los que confunden conceptos
Y denominan certeza lo que
Tan solo es fe, opinión o deseo.

No temo las palabras,
Sólo temo a los trileros que envuelven
Su significado en juegos de manos
Para conseguir el resultado deseado.

Reivindico la virginidad de la palabra,
Sin fatuos adornos, rodeada de argumentos,
De verdad, de mano abierta.
Porque si desnudamos la palabra
De su traje de entendimiento,
La estaremos convirtiendo en carcelera
De otras palabras, de otras ideas.

Y eso, eso no son palabras,
Son únicamente gestos de déspotas.

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Orgullo e igualdad ondean en una farola

Las palabras son caprichosas, aparecen en tu mente de repente invadiendo todo el espacio disponible, eliminando la posibilidad de realizar cualquier actividad que no sea dibujarlas, escribirlas, decirlas, venerarlas. Intentas apartarlas, pero ellas, persistentes, se empeñan en dejar todo lo demás en segundo plano.

En cambio, cuando las buscas, desaparecen en un universo invisible al que no logras llegar. Es en estas ocasiones, cuando están en ese estado de hibernación, cuando me desespero porque me queman la garganta y el alma, y su ausencia me asfixia. Entonces leo, leo como una posesa, acariciando las palabras de otros, envidiándolas, seduciéndolas para intentar encontrar el secreto de la entrada a ese mundo en el que caminan, danzan, aman, lloran y ríen al margen de mi necesidad, de mi obsesión.

Cuando se produce el milagro y te permiten regresar del exilio, de ese silencio denso en el que los pensamientos y los sentimientos se evaporan antes de haberlos percibido, entonces se ilumina tu rostro como el de un niño el día de Navidad y tu cuerpo se tensa, en un orgasmo incontrolado e infinito, que dura lo que el ensueño de haber apresado un instante mágico y singular.

Dos palabras ondeando en una farola. Esas dos palabras expresaban el sentir de una ciudad que, por unos días, vivió en la calle, sintió en la calle, respiró libertad y entusiasmo en la calle. Sólo dos palabras y el mundo vivió la ilusión del optimismo entre los colores del arco iris que se desplegaron en Madrid.

La eterna luz de Miguel Hernández

Hoy, 75 años después de la muerte de Miguel Hernández, su luz sigue iluminando nuestras conciencias.

“Eterna sombra”

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Miguel Hernández

Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.

Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.

Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.

Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.

Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.

Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.

Soy una abierta ventana que escucha.
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida

El monstruo del odio y el miedo

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No dejes entrar en ti al monstruo del odio y el miedo

No, no pienso igual que tú. No, no siento igual que tú. No, no me gusta lo mismo que a ti; ni tengo tu mismo color de piel. Yo tengo vagina, tú, tal vez tengas pene, pero puede que tu cuerpo no reaccione a lo que tu anatomía te ha otorgado, lo cual ni es una anomalía, ni es una aberración, ni es pernicioso. Cada uno debe vivir conforme a lo que siente, no a lo que los demás digan que debe sentir, pero el monstruo del odio y el miedo siempre acecha.

Probablemente, los que jalean el autobús de hazateoir.org y reclaman libertad de expresión, se escandalizan reclamando la prohibición y la penalización de la actuación de Drag Sethlas, que se ha proclamado nuevo Drag Queen de Las Palmas de Gran Canaria.

No, yo soy como tú, yo no te odio porque no te temo. Quizás si no te dejaras llevar por ese monstruo del odio y el miedo te darías cuenta de que lo importante no son las formas, sino el fondo. Porque si el mal existe, está en los que prima el egoísmo, la vanidad, la ira, la envidia, la avaricia; en los que utilizan a los demás como utensilios de usar cuando los necesitan y de tirar cuando ya no son válidos, en los que son incapaces de reconocer sus faltas por su orgullo malsano.

El monstruo del odio crece cuando el miedo a los que son diferentes se impone, cuando la ignorancia y la irracionalidad ganan terreno a la razón. No obstante, me reconforta saber que hay multitud de héroes, como Pablo Ráez, que con su fuerza y su valentía me devuelven la esperanza en los seres humanos.

LA ZONA FANTASMA. 2 de octubre de 2016. ‘El pasado es un misterio’

javiermariasblog

De todos es sabido, aunque no siempre recordado, que el tiempo de los niños transcurre muy lentamente. O al menos así era antes: no sé si será igual para los de ahora, con tanta actividad extraescolar y distracción “obligatoria” en compañía de los padres, que van con la lengua fuera los fines de semana y en vacaciones. En los años cincuenta y sesenta del siglo XX los días y las semanas eran interminables, no digamos los meses o un curso entero. El domingo por la tarde era una pesadilla, porque le seguía no ya el lunes con la vuelta al colegio, sino un montón de días eternos hasta que asomara de nuevo un sábado. En aquellas jornadas daba tiempo a todo, a levantarse y bañarse, desayunar, ir en tranvía o autobús a la escuela, pasar allí numerosas horas encerrado, disfrutar de un recreo aventurero en el patio, tontear en la…

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Sigo en modo ajustando hora

Ajustando hora

Sigo en modo “ajustando hora”

A veces la vuelta a la rutina resulta un bálsamo después de unas vacaciones en familia. La verdad es que los quiero mucho a todos, pero una, con los años, tiende a querer unas vacaciones sin compromisos, sin “obligaciones”; y esto es imposible cuando las madres se nos hacen muy mayores y los hijos también; y si a eso añades amigos con problemas personales que se te acoplan para huir de los mismos, ¡ya ni te cuento!. Por eso agradezco el final de ese tiempo en el que descanso menos que nunca y me siento con más obligaciones que nunca.

Ciertamente es una hipérbole desmesurada, porque también disfruto enormemente de esos momentos en los que tengo a toda la gente que de verdad me importa a mi lado, ¡pero agotan tanto! Por eso ahora estoy ajustando hora de nuevo, recuperando esos instantes sólo míos, en los que puedo escuchar mi propia voz, sin que ninguna otra la interrumpa de sus desatinos o cavilaciones.

Hay períodos de vacaciones en los que no recargas pilas, las explotas directamente. Yo ya no sé si he recargado las mías o me las he cargado directamente, pero la vida sigue. Aunque la muerte se te cruce una y otra vez dejándote sin aire. Y aquí estamos de nuevo, de vuelta a esta normalidad anormal, en la que todos estamos en funciones, no sólo un Gobierno que se está eternizando en su interinidad ¿Habrán consolidado ya derechos y les tendremos que pagar indemnizaciones si queremos echarlos?

Bueno, mis inconsistencias siguen intactas. Tal vez eso sea un síntoma grave, no sé, el tiempo lo dirá.

Enredada en las palabras

Se me pasa el tiempo enredada en las palabras de otros, guardando mis propias palabras en un lugar oscuro, aislado, sordo a sus sonidos y sus anhelos de volar; hasta que son tantas las palabras acumuladas dentro, que rompen como un caudal desbordado, furioso y liberador ese encierro, tejido con desidia y cierto pesimismo, que acompañan a la rutina que arropa tantos días átonos.

Ese día en el que las palabras vuelven a fluir, el primer día de frío real en un invierno incierto, maravillosos caracteres danzan como niños recién estrenados en la nieve, asombrados y alborozados ante este increíble espectáculo de magia que supone la formación de palabras.

No, hoy no toca hablar de Esperanza, de Pablo, de Pedro o de Mariano. Hoy no toca hablar de posturas intransigentes cubiertas con velos de cortesía, de veladas amenazas cocinadas como propuestas, de taimadas dimisiones digeridas como estrategia.

Hoy toca disfrutar de palabras como: compromiso, responsabilidad, honestidad, coherencia, transparencia, diálogo, compartir, escuchar, cooperar, ceder, avanzar, …

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