Deja que me alumbre

Deja que me alumbre
con nombres imposibles,
con prohibidos y sutiles adjetivos;
deja que beba de nuevo de esos libros
que cayeron en desuso
y, olvidados, perdieron la palabra,
amordazada desde entonces
con el sello del desprecio.

Deja que reanime
de sus lomos polvorientos,
de las páginas borradas de su esencia
esas historias, esas ideas que,
huérfanas de letras,
se han amotinado en mi trastienda.

Deja que me empape de nuevo
de amores traicionados y esperanzas,
de conciencias dormidas y teorías,
de vidas distintas a la mía,
de otras guerras, de otras risas.

Deja que me pierda
entre sus cantos de sirenas
para poderme sentir viva,
y así, sólo entre palabras,
despertar de la amnesia
que causó lentamente la rutina.

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