Despertaste de nuevo

Dormitaba expectante tu cintura
en mi tímida alborada y las nubes,
rescindiendo su contrato con el cielo,
disolvieron ese manto que ocultaba
el sol al canto de una alondra rezagada.

Descansaba perezosa tu mirada
bajo párpados guardianes de las sombras,
y el rocío, que regaba de colores
las turgentes coronas de las flores,
esperaba impaciente tu vigilia
para abrir sus corazones a la vida.

Soñaba todavía tu lívida certeza
con voces detenidas y cumbres hibernadas,
mientras la mañana perfumaba con lavanda
tus dos trenzas y cubría de jara tus caderas.

Y fue entonces, en el columpio de tu risa,
cuando sol, alondra, rocío y mañana se cruzaron.
Y despertaste de nuevo, libre y viva,
al roce descuidado de mi labios
para regenerar mis arterias endurecidas
con el persuasivo deseo de tus manos.

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