Duerme, mi niño, duerme

Vuelve la tarde la cara,
muchacha de rojos cabellos
que vuelan en una infinita
caracola de deseos.

Entre tu mano y la mía
se posan sus labios frescos
y nos roba una sonrisa
encadenada a su aliento.

La melena de la tarde
como sangre va corriendo,
a quitarle a los desaires
al sol que mece tus sueños.

Duerme, mi niño, duerme,
que la tarde vela el cielo
para que la canción del aire
no te distraiga en el vuelo.

Vuelve la tarde la cara
y el verde de su mirada,
en un marzo ya preñado
de azahares y jazmines,
te arropa con dulce calma.
Duerme, mi niño, duerme.

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