En esa mágica hora

En esa mágica hora,
en la que la noche se va
y el día aun no ha llegado,
en la que todos los gatos
se parecen y son pardos,
en la que el sueño se adueña
de una ciudad sin descanso,
tu mano alcanza mi espalda,
y el deseo se hace el amo.

En ese tiempo sin hora
en el que una risa suena
como caricia de paso,
en el que restalla el llanto
de un niño como un relámpago;
en el que las farolas tiemblan
ante el grito del asfalto,
tu piel brilla en la batalla,
bruñida, poderosa, brava;
y mis músculos restallan
en esa hora, en ese tiempo,
en ese único espacio.

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