Hoy ha muerto alguien

Entre la niebla rescato tu cuerpo,
las horas se superponen en capas,
como ropa gastada sin sentido.
La niña que fui me ahoga en silencios,
mientras los coches me devuelven tu ausencia
y la noche me aprisiona en su pecho.

Continúo martilleando teclas sin rumbo,
como náufragos desorientados, difusos;
con el frío temblando en sus trazos
irregulares, informes, nebulosos.

Sí, hoy ha muerto alguien, como mañana,
y pasado mañana, y dentro de un siglo….
o más -si la bola sigue aquí-.

La realidad es que los ojos luchan contra el sueño
porque tú no estarás en ellos.
La cama vacía de tus sonidos, de tu olor,
se muestra como tumba húmeda y fría,
mientras intento pensar imágenes cargadas de sentido,
de mañanas luminosas y parques sin risas de niños.

Un decorado desierto. Solo tu ausencia lo llena
y mi dejadez, en el sopor de una copa de licor
me invita a deshacerme de este duelo,
ausencias o como quieras llamarlo: infierno.
Un infierno en el que todos habitamos,
sin saberlo.

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