Mi epitafio

Caerán uno a uno los dioses conocidos
bajo la atroz espada de leviatanes atávicos
y emergerán, al tiempo, deidades poderosas
que corroborarán en un eterno cántico
nuestra dilatada y predecible historia.

Y yo, heredera de una guerra fratricida,
de un imperio que no sabía del ocaso,
de una tribu que se renombró si misma
para lavar hirientes heridas del pasado,
me siento huérfana en estos días opacos.

Se abatirán los temibles jinetes del Libro,
como huracanes desbocados y ciegos
en las carnes tiernas de los llantos;
y verterán sobre nosotros su aliento,
cuajado de hiel, miedo y espanto.

Y yo, descendiente de mortales humanos
que no buscan más que morir en paz,
que no esperan más que un leve espacio
para pasar el lento y cadencioso tic-tac;
yo, hoy, sólo quiero encontrar mi epitafio.

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