Migajas de recuerdos

Esparcí migajas de cálidos recuerdos
sobre un campo cuajado de deseo
y me sentí, de nuevo, cual Penélope,
tejiendo y destejiendo unos dislates,
que libraban su batalla como cíclopes,
sedientos de encontrar el fin del lance.

Reanudé la ardua y gris tarea
tras retozar, sin pudor, junto a mi alma
y recogí el licor que me brindaba
una dulce lectura de nirvanas.

Regresé, una y otra vez, al pozo eterno
esperando que tus ojos me salvaran,
pero sólo hallé humedad, silencio y miedo
en un espacio oscuro que me ahogaba.

Retomé el cruel instrumento de tortura
para rubricar un pacto que no existe,
porque entre mi piel y la hiel
de la verdad sólo me queda
reconocerme incapaz, así sin más,
de encontrar el final a esta locura.

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