Mirada retrospectiva

El escozor de cristales amargos
en tus labios
-morados de culpa-
que pesaba en mi memoria
desapareció
al vislumbrar la mañana.
 
Nunca existieron
ni los sillones de mimbre
junto a tu mano,
ni el sol
iluminando nuestro pecado
jamás cometido.
 

Brahms ya no sonaba
de fondo
cuando recordé,
en una fotografía,
que su cuerpo,
como el Cristo de Dalí
o el dictador de antaño
en las escuelas,
presidirá siempre tu lecho.

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