No sé decir adiós

Hoy no me esconde la noche entre sus sombras,
no me arrullan ni el silencio, ni los sueños;
hoy no encuentro la paz de los dormidos,
ni siquiera el sosiego del desvelo.

No sé decir adiós, y mi vigilia,
entre ruidos lejanos de motores,
entona la futura despedida
con suaves y melancólicos acordes.

Hoy la mañana me ha encontrado
acurrucada en el recuerdo de sus besos;
¡esperadme allí!, mientras me escapo
del desarraigo de una especie protegida,
del desamparo de este nido huero
que adivina todavía olores tiernos.

No sé decir adiós, y en la distancia,
donde se cruzan el miedo y la esperanza,
imagino a mis jóvenes polluelos
aprendiendo a desplegar sus blancas alas
hasta alcanzar el mar, hasta volar sin freno.

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