Tres veces dio mi frente en el suelo

Tres veces dio mi frente en el suelo,
levantarla, teñida de rocío,
sólo fue posible con tu voz.

Arranqué de la arena
el orgullo herido
y me enfrenté con tus ojos
tras la llamada.

Se cruzaron mis espadas
con tu despecho,
trenzando en el aire
un arco iris todo rojo,
todo amapolas y rosas.

Volvía a caer y mi boca
buscaba sonidos primitivos
alentando más mi odio.
Tu voz sonaba ya lejana,
pero mis ojos aun seguían
tus pausados movimientos.

A mi alrededor, sólo tus pies
marcaban el ritmo de mis pulmones.
La sangre fluía a borbotones.

Ya no podía mirarte.
Mi cuerpo era una losa,
un grano de arena,
un trofeo en tu colección
de cadáveres.

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