Deseo encontrar el otoño perdido

No termina de llegar el otoño y yo ya echo de menos esos días más pausados de un tiempo, tal vez gris y monocorde, pero tranquilo, casi perezoso, con una lluvia fina que empape la tierra de futuras promesas de brotes tiernos. Este calor demasiado denso, demasiado asfixiante -en todos los sentidos- que nos envuelve, espero que finalice pronto y volvamos al tedioso día a día, tan añorado cuando nos falta.

Deseo envolverme ya en tejidos cálidos, en suaves lanas que me devuelvan un otoño perdido y deseado, una estación en la que los colores nos indican que hemos de aprender a prepararnos para temperaturas más duras, para noches más largas, para días más oscuros. Un tiempo de reflexión y de retraimiento, tal vez, pero necesario para que reposen emociones y caigan las hojas secas, hojas que serán el alimento de la tierra para una futura primavera.

Deseo encontrar ese otoño perdido entre algarabías ruidosas que distorsionan sentimientos nobles, entre irrespirables cantos que no permiten que cale la lluvia de la razón y la sensatez, deseo silencio y paz, deseo un otoño de templadas voces, de manos tendidas sin juegos sucios, deseo esos días más grises, pero en los que todos somos bien acogidos, sin etiquetas, sin ases en la manga, sin épicas ni glorias, con la mirada limpia de rencores, recelos, vetos o imposiciones. Deseo un otoño con un amplio abanico de tonalidades verdes, rojas y amarillas, porque en esa compleja gama cromática está la belleza infinita de la diversidad, de la suma, del mestizaje de la realidad.

Deseo, nada más, un atisbo de otoño, no como la derrota de la luz y de la vida, sino como el tiempo del sosiego y de la palabra serena, de ese humus tan necesario para que crezcan buenos brotes cuando llegue la primavera.

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El dolor llega más allá de las nubes

nubes

El dolor llega más allá de las nubes

Me encuentro en medio de un paraje en el que el sonido es un silencio atronador, sólo mancillado por mis pisadas lentas, torpes en un medio desconocido. Hasta allí llegan los lamentos en mi cabeza, el dolor de una sinrazón que golpea una y otra vez, sin que sepamos por dónde nos va a venir el próximo golpe. Barcelona, Cambrils, Ripoll se me aparecen en medio de este paraje como escenarios macabros que sustituyen a poblaciones en las que se ríe, se ama, se sueña…

Aparecen las voces de ojo por ojo, las que se ofenden porque siguen enrocadas en sus pequeñas disputas de salón que, ahora, en esta desolación colectiva se me antojan pueriles e, incluso, egocéntricas en grado superlativo. Los muertos, los heridos, los afectados directa o indirectamente por esta barbarie son sólo personas, sin más adjetivos, sin más calificativos.

Me siento culpable por estar disfrutando de esta maravillosa paz, mientras a mis pies el mal, ese concepto tan etéreo como este aire, se materializa en una niebla que estrangula corazones y acaba con la vida de sus semejantes, dejando a su paso un reguero de muerte, desolación y perplejidad. Porque la muerte siempre nos deja desconcertados.

Alepo no celebra la Navidad

Contemplo muda, incrédula, las imágenes de una ciudad aniquilada, de una población caminando sin rumbo por calles destruidas. Alepo, dicen los medios de comunicación, ha sido liberada. ¿A qué precio? ¿Y los niños, mujeres, hombres, ancianos, enfermos que han caído por los ataques indiscriminados de los ejércitos sirio y ruso? ellos no han sido liberados, han sido asesinados. ¿Y el bienpensante mundo occidental, que ha hecho al respecto?: nada. Estaba muy ocupado preparando la Navidad, llenando de luces sus ciudades, incitando al consumo desbordante a sus habitantes, celebrando con viandas y risas los días de fiesta que se avecinan… Eso sí, para calmar su conciencia, los dirigentes de la UE han solicitado a la ONU que abra una pasillo humanitario para que la ayuda llegue a la población de Alepo, mientras miraban para otro lado cuando la ciudad sitiada era bombardeada sin piedad.

Hemos aceptado ya que el Mediterráneo haya dejado de ser el Mare Nostrum para ser el Mar de los Muertos, seguimos viendo imágenes de miles de personas expulsadas de su país y lo único que nos preocupa es que no vengan a nuestra puerta a quitarnos la paz y la tranquilidad de las que disfrutamos. No queremos ver de cerca la dignidad de los que lo han perdido todo y aun así siguen adelante, buscando una salida, un camino que les permita soñar con un mañana mejor, porque nos hace sentir miserables.

Por esta razón nos centramos en temas tan importantes como la inquietante melena de Donald Trump, el perverso mensaje de Navidad de Mariano Rajoy a sus seguidores de Madrid, el apasionado beso de Errejón e Iglesias o la puesta en escena de la incierta -o no tanto- futura lideresa del PSOE en Jaén. Sin duda, Alepo queda muy lejos de esta España que se está vistiendo con sus mejores galas y está preparando los mejores manjares para celebrar una Navidad más.

¡Feliz Navidad a los hombres de buena voluntad! si es que los hombres de buena voluntad son capaces de ser felices cuando la mitad del mundo está atrapado por guerras, hambrunas, miseria o dictaduras que amordazan su libertad.

 

Enredada en las palabras

Se me pasa el tiempo enredada en las palabras de otros, guardando mis propias palabras en un lugar oscuro, aislado, sordo a sus sonidos y sus anhelos de volar; hasta que son tantas las palabras acumuladas dentro, que rompen como un caudal desbordado, furioso y liberador ese encierro, tejido con desidia y cierto pesimismo, que acompañan a la rutina que arropa tantos días átonos.

Ese día en el que las palabras vuelven a fluir, el primer día de frío real en un invierno incierto, maravillosos caracteres danzan como niños recién estrenados en la nieve, asombrados y alborozados ante este increíble espectáculo de magia que supone la formación de palabras.

No, hoy no toca hablar de Esperanza, de Pablo, de Pedro o de Mariano. Hoy no toca hablar de posturas intransigentes cubiertas con velos de cortesía, de veladas amenazas cocinadas como propuestas, de taimadas dimisiones digeridas como estrategia.

Hoy toca disfrutar de palabras como: compromiso, responsabilidad, honestidad, coherencia, transparencia, diálogo, compartir, escuchar, cooperar, ceder, avanzar, …

Imagen de LexnGer

20 de diciembre, fun, fun fun

Lemas, latiguillos y consignas políticas nos persiguen hasta el hartazgo desde hace varias semanas. Veo, oigo y leo declaraciones de distintos el-grito-munchrepresentantes de los partidos políticos que concurren a estas elecciones y la imagen de “El grito” de Munch viene a mi mente para intentar evadirme del cansancio que me provoca escuchar las mismas palabras en el mismo, o en diferente orden. No obstante, espero que estas elecciones con las que damos paso a una nueva Navidad nos traigan, aparte de promesas, luces de colores y brillantes espumillones, un parlamento más plural, más dialogante y más cercano a los intereses de las personas que les han votado y no a sus propios intereses.

Si unimos los lemas de esta campaña de los diferentes partidos políticos ¡nos puede quedar un discurso redondo!: “España en serio” (PP) supone “un futuro para la mayoría” (PSOE), porque queremos “un país contigo” (Podemos). Vota “con ilusión” (Ciudadanos) “por un nuevo país” (IU).

¡Que la fuerza nos acompañe!

 

Los heraldos negros

Je suis Paris

Je suis Paris

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Los heraldos negros. César Vallejo

 

 

El lobo ya ha venido y los fantasmas no existen

esperanza contra miedo

Imagen de Neil Girling

“¡Qué viene el lobo!”, “¡Qué viene el lobo!”, nos decía ayer la casi-alcaldesa de Madrid, arrogándose en salvadora de oscuros futuribles ante los descerebrados madrileños que, inexplicablemente, le han dado al PP sólo 44.082 votos más que a la Agrupación Ahora Madrid en estas elecciones municipales. Cuando ella asegura tener 500.000 votos más que la opción que lidera Carmena, une a los votos del PP, los del PSOE y los Ciudadanos, como si tratara de liderar una coalición interestelar contra las fuerzas del mal encabezadas por Manuela Carmena.

El lobo ya ha venido, Señora Aguirre, durante años ha ido desangrando nuestros derechos sociales, ha ido llevándose nuestro dinero a sus cuentas bancarias y ha ido vendiendo nuestro patrimonio a sus colegas. Por mucho que intente convencerme, sé que los fantasmas no existen. Su discurso me ha recordado a lo que se decía en algunos sectores cuando Suárez se atrevió a legalizar el Partido Comunista de España. Eran las primeras elecciones generales democráticas que se celebraban en España después de casi 40 años de dictadura. El editorial del ABC del 10 de abril de 1977 decía lo siguiente: “No es hacer viable la democracia el condescender con aquellos que no practican sus reglas cuando llegan al Poder. No es la democracia moneda de curso legal en la Cuba de Castro ni lo es en la Rusia de Breznef, donde a los disidentes se les encierra en clínicas psiquiátricas o se les instala en archipiélagos Gulag.” (¿por qué me recuerda a las alusiones a Venezuela?).

En fín, lo dicho, que el lobo ya ha venido y los fantasmas no existen.