40 días en la cama, para defender un mundo sin prisas

Desde hace 12 días, una pareja lleva retransmitiendo su vida en una cama a través de internet .Una conocida marca de colchones ha iniciado esta curiosa campaña de publicidad en la que, durante 40 días, una pareja permanecerá en una cama para reflexionar sobre el frenético ritmo de vida que nos obligamos a seguir y defender un mundo “slow”, tranquilo, con una velocidad más adecuada a nuestro ritmo vital.  A veces la publicidad sirve, no solo para vender un producto, sino también para mostrar una filosofía de vida -y asociar así un producto determinado a unos valores, a una forma de pensar y de vivir-.

Utilizando los nuevos canales como las redes sociales, un blog, una dirección web, la pareja protagonista de esta aventura nos ofrece una alternativa a la frenética vida actual. No obstante, este afán exhibicionista que nos ha entrado, viviendo de cara a la galería, me da un poco de repelús.

Por si queréis saber más sobre esta  iniciativa: 40 días en la cama

 

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Las putas de Amsterdam

Fotografía de Stuck in Customs

Las putas en Amsterdam no se esconden. Al contrario que en cualquier otra ciudad, aquí son un reclamo turístico indudable. El Barrio Rojo es uno de los lugares más visitados de Amsterdam, lo cual no deja de sorprenderme. Me resulta difícil explicar mi experiencia al entrar en este gueto, porque con todo lo que tiene de montaje para visitantes, no deja de ser un gueto donde se controla una actividad denigrante como la prostitución.

No creo que las putas de Amsterdam se encuentren más realizadas que  las de otros lugares, aunque tal vez ejerzan esta actividad de una forma más segura. Tal vez vender tu cuerpo no sea más humillante que vender tus ideales o tus sueños por un poco de parné. No obstante, no me sentí cómoda -y no por mero puritanismo-, viendo a aquellas muchachas, algunas todavía con cara de crías, en ropa interior posando para los cientos de turistas que transitaban en una noche cualquiera por esos estrechos, casi agobiantes, callejones del Barrio Rojo.

Legalizar la prostitución no cambia el hecho de que ésta no es una actividad comercial cualquiera; a su alrededor se tejen una serie de negocios basados en la degradación, la esclavitud y la “cosificación” de las personas (sean mujeres u hombres) que, en la mayoría de los casos, se ven obligados a vender sus cuerpos como último recurso para sobrevivir.  Veo a estas mujeres que se venden en el Barrio Rojo y recuerdo las putas tristes de mi barrio, y siento lo mismo: pena y rabia.

La estupidez de las máquinas

Ayer me sentí totalmente frustrada ante la estupidez de una voz pregrabada que no era capaz de entender un problema muy sencillo: mi teléfono fijo no tenía línea y la compañía con la que tengo contratada la línea no podía darme respuesta porque la máquina se interponía, como un muro infranqueable, entre un operador de carne y hueso  y yo.

En este mundo de las nuevas tecnologías tan maravilloso, a veces es muy difícil, por no decir imposible, conectar con otro ser humano cuando uno lo desea, porque falla la máquina que ha de conectarlos o porque el programa no responde a las infinitas casuísticas que se pueden dar en las relaciones humanas. Mi problema era el siguiente: pago la línea a una compañía, y la gestión de la línea a otra, con lo que cuando hay un problema se suelen tirar la pelota de un lado a otro del tejado, quedando yo en medio, como una gilipollas, mirando para ver de donde me van a venir los palos (porque al final, siempre te dan palos). El caso es que llamé a la empresa que gestiona mi línea y, como de costumbre, me contestaron que el problema no era suyo.

Al intentar contactar con el servicio técnico de la empresa con la que tengo contratada la línea, mi sorpresa fue mayúscula cuando la voz pregrabada, que me había indicado que introdujera mi número de teléfono, me comunica que ese teléfono no es cliente suyo y que me ponga en contacto con mi compañía. Pensé “he debido de equivocarme en algún paso del fastidioso camino” y volví a intentarlo con el mismo resultado. Llamé una tercera vez intentando acceder por otra vía, pero ninguna opción me dejaba hablar con una persona de carne y hueso. Si no introducías el maldito número de teléfono que había desaparecido de sus líneas no tenías ninguna opción de contacto.

Al día siguiente, como mi línea telefónica seguía en silencio, llamé a un amigo que trabaja en dicha compañía y le conté mi problema. La solución que me dio fue mágica: “introduce un número de telefono de algún cliente de esa compañía y así podrás acceder al operador”. Con un poco de aprensión, pues lo que te solicitaban eran los números del teléfono con el que tenías problemas, y yo soy muy mía para eso de las mentiras (debe ser un trauma infantil o algo así), introduje el número de un familiar y esperé. ¡Bingo! la estratagema había dado resultado y al otro lado de la línea oí una voz con acento del otro lado de charco, solícita y amable, que me pedía que le contase mi problema. ¡Por fin pude expresarme sin complejos, sin vocalizar como si tuviera una boca de goma, sin tener en cuenta el número de palabras que utilizaba, porque al otro lado de la línea alguien me podía comprender! Y evidentemente solucionó mi quebradero de cabeza con rapidez y eficacia. Al cabo de unas horas, una llamada entró en el teléfono -hasta entonces mudo-, y al descolgar, una voz femenina profesional y grabada me dijo que esperaba que la avería se hubiera solucionado y que marcara el 1 si era así. Estuve tentada de mandarla muy lejos, pero finalmente, pudo mi prudencia sobre mi ira y marqué el maldito 1. Ni siquiera se despidió, ni me dio las gracias, al otro lado de la línea solo quedó un pitido continuo e incómodo.

Aquí dejo un simpático vídeo sobre la impotencia que sentimos ante máquinas con voz humana que no entienden nuestras necesidades.

Sin duda, las máquinas son estúpidas (o por lo menos las de los centros de atención al cliente de algunas compañías), porque no saben cuando una persona está preocupada, miente o está triste, porque no saben responder a variables que escapen de su programación. Pero la estupidez de las máquinas tiene una explicación: responde a un mal diseño, un mal desarrollo, un mal montaje o un mal uso. La estupidez de los hombres es mucho más compleja y también mucho más dolorosa, pero eso merece reflexión aparte.

“Re_”, algo más que publicidad

Hace unas semanas, mi hijo de 12 años me preguntó al ver una valla publicitaria “mamá, ¿qué anuncian? Solo pone R_”; yo, que no me había fijado en el anuncio le dije distraidamente, “será una película de terror”. Él siguió buscando el significado al anuncio porque, evidentemente, mi respuesta le pareció de lo más absurda.

Hace unos días me ha vuelto a preguntar si sabía algo más sobre ese anuncio, porque había visto otra valla publicitaria en la que aparecía la sílaba Re y varios verbos: re nacer, re inventar, re solver, re educar…

Creo que Acciona ha puesto en marcha una excelente campaña de publicidad, de gran calidad creativa. Sin entrar a juzgar si la idea de empresa que vende es real, he de reconocer que han sabido captar la atención de la gente a través de conceptos positivos.

Espero que la responsabilidad social de Acciona no se quede solo en una buena campaña de publicidad.

Vigilantes energéticos, ¿quién los paga?

Tal vez sea una medida que sale del Plan E de Zapatero para reducir el paro, tal vez sea una nueva revelación que ha tenido el ministro Sebastián, tal vez sea una gran idea para crear empresas competitivas en sectores emergentes como el de la energía; pero la verdad, esto de que las comunidades de vecinos tengan que designar un gestor energético que controle el consumo de energía de la misma, a mí me parece una medida que lo único que va a conseguir es que los “paganinis” de siempre tengamos un nuevo gasto en nuestra comunidad, porque ¿quién va a pagar a estos vigilantes energéticos?

Como quejarse de un mal servicio

El otro día leí en elblogdelcapi un artículo en el quehacía una reflexión sobre lo poco que reclamamos cuando se presta un mal servicio o cuando no se corresponde lo que nos ofrecen con lo que habíamos acordado, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo. Eso sí, chillamos mucho, lanzamos incluso algunos tacos, ponemos de vuelta y media al establecimiento o empresa, nos desahogamos y a otra cosa mariposa.

Los anglosajones tienen una cultura en la que está más asimilado este tema y lo que para nosotros es algo extraordinario, para ellos es algo habitual. Yo llevo “carteandome” con Jazztel desde hace más de un año porque no me da la gana que me cobren lo que a ellos les parezca por un pésimo servicio. Pero bueno, ese es otro tema.

No pensaba hablar de esto en el blog, pero es que me he encontrado una imagen que me ha parecido extraordinaria. Es una forma muy ingeniosa de quejarse de un mal servicio. ¡Me ha encantado!

Una venta fallida

pisos coloreados Aunque parezca imposible, vender un piso puede convertirse en una aventura peligrosa si caes en manos de piratas que tienen licencia para realizar labores de intermediación entre vendedor y comprador. Evidentemente hay muchas empresas serias que sí cumplen con su función sin intentar timar a quien acude a ellos en busca de ayuda. Pero me gustaría ilustrar con un ejemplo real la indefensión de una persona ante la mala fe de ciertas empresas.

Una persona acudió recientemente a una agencia de intermediación -franquicia de una empresa muy conocida de este sector- para vender un piso. Le avisaron de que tenían un comprador interesado en adquirir la vivienda en cuestión.

El vendedor del piso ni es experto en el tema, ni tiene un gran patrimonio -sólo este piso-, por lo que confía en la labor de la agencia a la hora de realizar los trámites para la venta. El comprador pone como condición que la operación se realice en un plazo de tiempo determinado, lo cual se especifica en el acuerdo que firman ambas partes. La agencia asegura al vendedor que no hay problema con los plazos acordados y se cierra el acuerdo.

El comprador paga una parte del precio del piso en concepto de señal y el vendedor abona a la agencia el porcentaje acordado de la misma. Parece que todo está normal, pero no; resulta que los trámites para la venta superan la fecha acordada con el comprador por problemas burocráticos que está tramitando la agencia. El comprador demanda al vendedor por no haber cumplido los plazos acordados por lo que solicita que le abone el doble del dinero pagado en concepto de señal del piso. La agencia se lava las manos en el tema y alega que no es su problema; eso sí “Santa Rita, Rita lo que se da no se quita” y su porcentaje es suyo aunque se haya anulado la venta por una mala gestión de la agencia.

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