Parole, parole, parole

De los debates del Estado de la Nación, nombre solemne y rimbombante, solo queda un ranking de quién gana -en el que, como en las elecciones, todos ganan- y las curiosidades. Este año nos han quedado: el rifirrafe por una bandera andaluza mostrada por el diputado socialista Manuel Pezzi,  el tesón de Celia Villalobos con su partida de “Candy Crush” y el susto por el desvanecimiento de Joan Baldoví, diputado de Compromís-Equo.

Lo demás, más de lo de siempre: lo bien que lo hemos hecho y somos los únicos capaces…, lo mal que lo habéis hecho y sois unos zotesEso sí, todos pretenden inspirar confianza, cercanía, ser los portavoces autorizados de la señora María y el señor Juan, de Felipe o de Ana. Incluso aquellos que todavía no están, replican desde fuera para estar presentes con sus cantos de sirena en este circo en el que los distintos prestidigitadores sacan de la chistera conejos, pañuelos o lo que haga falta para entretener al personal.

¡En fin: parole, parole, parole!

Yo prefiero escuchar a Mina con Adriano Celentano 😉

 

La voz del Museo del Ron Havana Club

La grave y profunda voz de Anthia reina entre las luces cálidas y suaves del bar del Museo del Ron Havana Club, desde un rincón cercano al escenario donde tocan cuatro músicos, ajena a los turistas que nos colamos por allí.

Una mujer pequeña, oscura y contundentemente redonda, de brillantes ojos azabache y grandes rizos negros que sobresalen exuberantes del sombrero de panamá de ala corta, es la dueña de esta voz rotunda, que no necesita de micrófono para imponerse  a los murmullos de conversaciones, risas y ruidos que se entremezclan en este espacio multirracial, ubicado en La Habana Vieja.

Degustar el mejor mojito de La Habana escuchando a Anthia y su grupo es, sin duda, una visita de esas que se denominan imprescindibles en las guías de viajes.

La bodega del olvido

Fotografía de Arguez

La Bodega del señor Juan estaba al principio de la calle, una de las callejuelas estrechas y oscuras que circundan la Ribera de Curtidores, eje del Rastro madrileño. Era un local oscuro, húmedo y pequeño que olía a vinagre y a vino a granel. Acogía en su lóbrego vientre hombres de hombros cargados y miradas acuosas, perdidas en fantasmas interiores, que sobrellevaban la derrota de la vida entre trago y trago de un chato de vino, que olvidaban sus miserias y sus miedos, que acallaban su fracaso adormeciendo su conciencia con ese caldo peleón que iban ingiriendo hasta que el señor Juan, con cariño y determinación, les mandaba a casa a dormir la mona.

Cuando iba a por gaseosa, vino a granel o a devolver los cascos de las botellas, me sobrecogía el ambiente de derrota que se respiraba en el local. Su dueño, taciturno y de pocas palabras, de pelo cano y rostro arrugado, se limpiaba frecuentemente las manos en un delantal de rayas verdes y negras, detrás de un mostrador de brillante metal y por el que corría el agua, igual que corría el alcohol por las venas de los parroquianos.

La bodega del señor Juan desapareció junto con la lechería de la señora Juanita, que vivía en la parte de atrás de la tienda, la panadería de la esquina de la calle y la tienda de ultramarinos. Hoy, mi calle apenas tiene más que oscuros portales de corralas, algún bar que sobrevive como puede y un batiburrillo de gentes de diversas nacionalidades que convive con los pocos vecinos de siempre que continúan anidando allí.

Me han venido a la memoria las tiendas de mi infancia, de mi calle, gracias al programa de Carlos Herrera, “Herrera en la onda”, con el que que no comparto la visión de la realidad, pero al que escucho asiduamente porque, además de considerarle un gran profesional, creo que es sano para la mente conocer las verdades de los demás y no solo las tuyas.

Cospedal en el Club Bilderberg

Parece que el PP entra en el espacio oculto de los que manejan los hilos del mundo. Maria Dolores de Cospedal asistirá este año a la reunión que el Club Bilderberg celebra en Saint Moritz, invitada por Juan Luis Cebrián, … curioso. Me encantan las teorías conspirativas en las las que gente tan variopinta como Bill Gates o la Reina Sofía de España se reunen en un entorno idílico, entre exquisitos manjares, para decidir el devenir de la humanidad. Está claro que el misterio que envuelve estas reuniones, su “agenda oculta“, despierta el lado más imaginativo de los comunes mortales.

Ni el Papa resiste la fuerza de la televisión

Ni el Papa se puede resistir a los nuevos tiempos. El próximo sábado, TV1 emitirá un programa en el que el Papa Benedicto XVI responderá a las preguntas de varios ciudadanos anónimos. Supongo que tanto los “preguntantes” como las preguntas habrán pasado el severo filtro del aparato de comunicación vaticano, con el fin de que Su Santidad no se meta en ningún aprieto por culpa de una pregunta incómoda o de un ciudadano demasiado atrevido a la hora de dirigirse al heredero del trono de Pedro. Tal vez sea casualidad o tal vez tenga un significado oculto el que esta entrevista se retransmita en la RAI el día de viernes santo, a la hora en que se supone murió Cristo en la cruz.

Supongo que los estrategas de Roma, que de comunicación saben un rato, tal y como lo demuestran los millones de fieles corderos que siguen las directrices que dicta la Iglesia Católica desde hace más de 20 siglos, han pensado que era mejor utilizar al enemigo para sus fines que luchar contra él. Según  el informe Pulso de España 2010, sobre encuestas realizadas por Metroscopia, no creemos en la televisión como fuente de información, pero es la tercera actividad de los españoles, despúes de dormir y trabajar. No hay nada  mejor para olvidar tus propias miserias que regodearte con la visión de las miserias de otros, o con la visión de un mundo imaginario en el que tu triste vida desaparece porque la engulle una pantalla de televisión. Y en ese estado de aturdimiento uno puede ver o creer cualquier cosa, desde los comentarios políticos de Telemadrid, las noticias de Intereconomía, o la entrevista en diferido a un Papa de Roma.

40 días en la cama, para defender un mundo sin prisas

Desde hace 12 días, una pareja lleva retransmitiendo su vida en una cama a través de internet .Una conocida marca de colchones ha iniciado esta curiosa campaña de publicidad en la que, durante 40 días, una pareja permanecerá en una cama para reflexionar sobre el frenético ritmo de vida que nos obligamos a seguir y defender un mundo “slow”, tranquilo, con una velocidad más adecuada a nuestro ritmo vital.  A veces la publicidad sirve, no solo para vender un producto, sino también para mostrar una filosofía de vida -y asociar así un producto determinado a unos valores, a una forma de pensar y de vivir-.

Utilizando los nuevos canales como las redes sociales, un blog, una dirección web, la pareja protagonista de esta aventura nos ofrece una alternativa a la frenética vida actual. No obstante, este afán exhibicionista que nos ha entrado, viviendo de cara a la galería, me da un poco de repelús.

Por si queréis saber más sobre esta  iniciativa: 40 días en la cama

 

El sonido del terremoto de Japón

El exceso de información con el que se nos aturde constantemente en la era de la sociedad del conocimiento, a través de multitud de soportes, consigue encerrarnos en una burbuja en la que no penetran emocionalmente datos que no nos afecten directamente, porque somos incapaces de asimilar más allá de lo que que puede interferir en nuestro modo de vida actual o futura.

Sin embargo, el sonido del terremoto de Japón,  cuya grabación ha obtenido la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC),  gracias a los datos facilitados por una red de observatorios submarinos ubicados a ambos lados del epicentro del terremoto, situado cerca de la localidad japonesa de Hatsushima, me encoge el alma.