Deseo encontrar el otoño perdido

No termina de llegar el otoño y yo ya echo de menos esos días más pausados de un tiempo, tal vez gris y monocorde, pero tranquilo, casi perezoso, con una lluvia fina que empape la tierra de futuras promesas de brotes tiernos. Este calor demasiado denso, demasiado asfixiante -en todos los sentidos- que nos envuelve, espero que finalice pronto y volvamos al tedioso día a día, tan añorado cuando nos falta.

Deseo envolverme ya en tejidos cálidos, en suaves lanas que me devuelvan un otoño perdido y deseado, una estación en la que los colores nos indican que hemos de aprender a prepararnos para temperaturas más duras, para noches más largas, para días más oscuros. Un tiempo de reflexión y de retraimiento, tal vez, pero necesario para que reposen emociones y caigan las hojas secas, hojas que serán el alimento de la tierra para una futura primavera.

Deseo encontrar ese otoño perdido entre algarabías ruidosas que distorsionan sentimientos nobles, entre irrespirables cantos que no permiten que cale la lluvia de la razón y la sensatez, deseo silencio y paz, deseo un otoño de templadas voces, de manos tendidas sin juegos sucios, deseo esos días más grises, pero en los que todos somos bien acogidos, sin etiquetas, sin ases en la manga, sin épicas ni glorias, con la mirada limpia de rencores, recelos, vetos o imposiciones. Deseo un otoño con un amplio abanico de tonalidades verdes, rojas y amarillas, porque en esa compleja gama cromática está la belleza infinita de la diversidad, de la suma, del mestizaje de la realidad.

Deseo, nada más, un atisbo de otoño, no como la derrota de la luz y de la vida, sino como el tiempo del sosiego y de la palabra serena, de ese humus tan necesario para que crezcan buenos brotes cuando llegue la primavera.

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No temo las palabras

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“La riña” de Goya

No temo las palabras,
Temo las voces airadas.
A los que sólo se escuchan a sí mismos,
A los profetas que las manipulan
Y a los que las enarbolan como mordaza.

No temo las palabras,
Temo su impúdica adulteración.
A los que se erigen en guardianes
De atávicas falacias y empuñan,
Como dagas ponzoñosas y sangrantes,
Palabras que se han conquistado
A golpe de dolor y de coraje.

No temo las palabras,
Temo la ciega intransigencia.
A los que confunden conceptos
Y denominan certeza lo que
Tan solo es fe, opinión o deseo.

No temo las palabras,
Sólo temo a los trileros que envuelven
Su significado en juegos de manos
Para conseguir el resultado deseado.

Reivindico la virginidad de la palabra,
Sin fatuos adornos, rodeada de argumentos,
De verdad, de mano abierta.
Porque si desnudamos la palabra
De su traje de entendimiento,
La estaremos convirtiendo en carcelera
De otras palabras, de otras ideas.

Y eso, eso no son palabras,
Son únicamente gestos de déspotas.

20 de diciembre, fun, fun fun

Lemas, latiguillos y consignas políticas nos persiguen hasta el hartazgo desde hace varias semanas. Veo, oigo y leo declaraciones de distintos el-grito-munchrepresentantes de los partidos políticos que concurren a estas elecciones y la imagen de “El grito” de Munch viene a mi mente para intentar evadirme del cansancio que me provoca escuchar las mismas palabras en el mismo, o en diferente orden. No obstante, espero que estas elecciones con las que damos paso a una nueva Navidad nos traigan, aparte de promesas, luces de colores y brillantes espumillones, un parlamento más plural, más dialogante y más cercano a los intereses de las personas que les han votado y no a sus propios intereses.

Si unimos los lemas de esta campaña de los diferentes partidos políticos ¡nos puede quedar un discurso redondo!: “España en serio” (PP) supone “un futuro para la mayoría” (PSOE), porque queremos “un país contigo” (Podemos). Vota “con ilusión” (Ciudadanos) “por un nuevo país” (IU).

¡Que la fuerza nos acompañe!

 

La hora de la generación sin complejos

El futuro es consecuencia del presente

Imagen de Movimiento 15M valencia

Ha llegado la hora de dejar paso a una nueva generación que no tiene complejos, que no tiene miedos atávicos a la hora de afrontar retos hasta ahora imposibles. Ya no se trata de unos cientos jóvenes locos sin guía, sin rumbo, bien alimentados y con pocas obligaciones que se dedican a acampar en la Puerta del Sol de Madrid para tocar las narices a sus mayores. Es mucho más que eso, es una nueva forma de entender la política que asusta a los políticos “tradicionales” de izquierdas y de derechas. Esta generación no ha tenido que superar ninguna dictadura, no ha tenido que lidiar con ruidos de sables, no ha tenido que elegir entre pactar o no existir, no ha tenido que ganarse la confianza de una población sedienta de libertad, pero también con miedo a la libertad.

Muchos se llevan las manos a la cabeza porque hay gente que pide el final de la monarquía hereditaria. ¿Por qué?, vivimos todavía en un país donde la libertad de expresión es uno de los derechos fundamentales reconocidos en nuestra Constitución de 1978. Pero igual que hay quienes jalean a los que piden la venida de la República, pueden surgir los que jaleen la salida a la palestra de un nuevo salvador de la patria: “una, grande y libre”; y esos también tendrán derecho a expresar libremente sus ideas, al igual que lo van a hacer en el nuevo Parlamento Europeo surgido de las urnas los partidos de extrema derecha de diversos países de la UE.

Es beneficioso para la salud de nuestra democracia sacar fuera todos los demonios. No debemos de tener miedo a replantearnos aquello de nuestra Carta Magna que haya que modificar, suprimir o añadir. Una sociedad es un ente vivo, que cambia, y las reglas del juego se tienen que ir modificando para adaptarlas a la sociedad a la que deben servir. ¡Lo único que me asusta que se haga como el “salto de la Reja”!.

 

 

El silencio de los derrotados

Todo parece indicar que en las elecciones europeas del próximo domingo ganará la abstención. Es decir, se impondrá el silencio, un silencio que nos costó romper casi 40 años de dictadura. Espero que la gente vote en blanco, que emita un voto nulo,  que vote a partidos que no son ninguno de los dos grandes; pero que haga el esfuerzo, que ejerza la responsabilidad de ir a votar; porque si no, estaríamos menospreciando un derecho que ha costado muchas vidas, muchas lágrimas, mucho esfuerzo.

Urna electoral

Fotografía de Red mi VOZ

El silencio de los derrotados no debe hablar en las elecciones europeas, porque de Europa parten la mayoría de las leyes que nos afectan. Si dejamos que los extremistas hablen más alto que la gente sensata -esa mayoría silenciosa-, estaremos condenando nuestro futuro, estaremos dando la razón a los que quieren acabar con la democracia porque “no sirve para nada”.

Todos estamos hartos de corrupción, de que nos tomen por estúpidos, pero si desperdiciamos las escasas oportunidades que tenemos para cambiar las cosas, estaremos contribuyendo a que nos gobiernen siempre los mismos. ¡Tu voto sí vale, no lo olvides!

Pío, pío, que yo no he sido

Imagen

Imagen de Lee Cofa

Parece que Bárcenas está jugando al “Pío, pío” con el PP a través de los medios de comunicación. Tras las informaciones de “El Mundo” sobre los sobresueldos, la información publicada por “El País” sobre unos apuntes de la caja mágica, colocan al PP en una delicada situación de la que solo podrá salir diciendo la verdad.

¿Nos merecemos los políticos que tenemos? La demonización de los políticos no conduce a ningún sitio, pero si los honestos no expulsan a todos los que están ahí para medrar económicamente, la sociedad perderá la poca fe que le queda en los que se supone son sus representantes.

El lamentable espectáculo que dieron en el Congreso de los Diputados el PP y PSOE, el pasado 30 de enero, en la primera sesión de control al Gobierno de este año, en la que, más que buscar soluciones, se dedicaron a decirse “y tú más” en todo lo referente a la corrupción, me da que pensar que todos van a intentar tapar las vergüenzas de los demás, para no tener que enseñar las propias.

Como decía Mafalda: ¿por dónde hay que empujar este país para llevarlo adelante?. De momento, el ventilador se ha puesto en marcha, lo que hace falta es que se lleve de una vez toda la porquería que hay en el aire.